¿Alguien conoce a la doctora Carlota Flores
Scaramutti de Naveda? Bueno, ella es profesora de la PUCP y ha sido
premiada y mejor valorada en el extranjero que en esta su tierra, a la
que tanto quiere y por la que, en silencio, tanto trabaja.
Es una señora de una sonrisa llana; no necesita maquillarse porque,
aunque ya está mayorcita, sigue siendo hermosa. Y las palabras escapan
de su boca y llegan hasta su interlocutor con suavidad, cadencia y
poesía. Es todo amor. Es como una madre para todos los que estudiamos
literatura, solo que algunos, la gran mayoría, no lo sabe. Ese día que
la vimos en su casa nos dijo algo tan cierto: "En este país conocemos
mejor a los escritores de afuera, pero entre nosotros somos
extranjeros". Es decir, nadie valora el trabajo de escritores peruanos
que escriben excelente, porque prefieren valorar el trabajo de
escritores que les traen un producto "mejor elaborado". Y es tan cierto.
Nadie conoce a esa hermosa escritora, que escribe tan hermoso como
habla, que trabaja tanto como ha vivido, que ama la literatura peruana
tanto como ama la vida. Y nadie le rinde un merecido homenaje. Sé que
aún soy nadie (y el hecho de que me oculte con un seudónimo es
sintomático también), pero algún día quizá sea algo, y sé de dónde vengo
y sé a dónde voy, y sé que ella quisiera tanto que reconozcan lo que
ella hace. Quizá el silencio en que lo hace no sea silencio, sino que
los otros (los otros, esos que juegan con el mercado) hacen tanto ruido
con sus teatrillos que silencian su voz como trino, su voz que es todo
calma y poesía. No sé si estas líneas estén a la altura de lo que ella
merece, pero deseo sinceramente que dé pie a que valoren lo que ella
hace por nuestra literatura.
domingo, 26 de enero de 2014
lunes, 20 de enero de 2014
Desolación
Voy a cubrir tu cuerpo de rosas, de largas
carreteras que no me hagan dificultoso accederte, de momentos grávidos
que llamen a lugar un beso, como la primera vez en un auto. No quiero
más cubrir tu rostro de lágrimas, ni el mío, cubrirlo de
muecas ni sentidos. Quiero momentos lúdicos. Porque tú eres como mi
hermanita, con tus largos dedos y tus cuatro ojos, con tus intuciones
parecidas a las mías, y tu quiebre y tus labios rosas, y tu nariz
perfecta, como un botoncito, y tus pensamientos a futuro. Por eso te
traje conmigo, aquí, en mi bolsillo y en mi pecho, como un collarcito
que nunca se cae, como un tatuaje que nunca quise hacerme, pero fue
hecho por necesidad. Yo quiero recorrer tu cuerpo como lo recorre tu
sangre, llenarte de caricias intermitentes e interminables. Yo voy a
cubrir tu pecho de luceros y de cielo; voy a dibujar tu necesidad, y la
asiré a mi garganta para que de todas maneras, al anochecer, necesites
de mí. Tú eres como mi hermanita, cuidado cuidado, que hacemos un
simpático equipo. Porque teniéndote cerca, yo jamás me rendiré. La
fatiga la borras cuando surcas tu dedo mágico por mi frente llena de
sudor y viento. Voy a llenar de versos tu boca, y me extinguiré contigo
en el siguiente beso, cuando vuelvas a este fantasma y a esta necesidad
de necesitarte, una fiesta para dos corazones desarrapados.
domingo, 12 de enero de 2014
Cómo perderte por un sueño
Eso que tú llamas terquedad, no corresponde sinceramente a lo que evoco a tu partida: si te pido que no me dejes solo o que me acompañes a dormir o sueñes el mismo sueño que yo, más que satisfacer un deseo sobrenatural, es ir creando esto que debiera ser mutuo, y comúnmente llamamos amor. Pero tú no entiendes de eso, tú solo sabes de mi pasado turbulento, un hospital y los resquicios de este presente que amenaza quebrarse. Y tus novios que te fallaron y mis dedos que no te tocan porque te quiebras como cristal. Si yo te pidiera que nunca más me dejes claudicar, tú dirías que soy un tonto; si te pido que me dejes ser escritor y escribir para ti y para mí, dirías que pierdo el tiempo, y no empujarías mis sueños, no tanto por esta irradibale incompatibilidad de carácteres, como por el simple hecho que de nuestras infancias aún tenemos el dolor y el puñal. Ya te habían entregado casi todo, yo te di un poco más. Y solo me quedo con los relojes y mis sueños. Y los relojes se han detenido y perdieron color, y mis sueños, mis sueños ya no pueden volar, porque me quedo aquí, hundido en este rincón, mientras tú te vas te vas con alguien que tal vez no tenga sueños, que tal vez impere del tiempo a tus ojos porvenir, y de mi boca, la fiebre y el terror, que salen más torcidos que silencios diáfanos y mutuos improperios. Porque esta ignorancia de tu sueño con él o si en esta ploma madrugada, cargada de lágrimas y teléfonos apagados, me voy haciendo un gato gordo y verde, pero soñante. Qué soy al fin, ¿tu inmediatez o la insolencia de tu boca? Y quizá de esta parte, mis más sincera culpa, podré bloquear tus fotos, pero no podré bloquear tus recuerdos en mi cabeza. Ni estas ideas que transitan ávidas ávidas de ti de ti. Y soy un diccionario, un antes. Alguien que por perseguir sus sueños, te dejó dormida. Lo siento por eso. Me duele me duele, algo así como si me hubieran cortado las alas. Ahí tienes la continuidad, entre este mi fracaso y los sueños horadados.
sábado, 11 de enero de 2014
Madre...
Madre, cuando amiptriptilina no sabe hacer su
negocio, apareces tú para pintar mañanas en mi futuro truncado, para
trazar con tus besos senderos por los que tu hijo prematuro, con dientes
de leche en el corazón, pueda transitar ávido de tu cariño, memorable bribón que se retuerce de pena tras tu ausencia.
Y, madre, cuando amitriptilina no sabe llenar todas estas ansias que me llegaron por correo el día en que te fuiste, madre, apareces tú, con tu delantal y tu abrigo, enseñándome a cazar dragones bulbos, enseñándome a persuadir los relojes, inequívoco truhán, y recortar gladiolos de tu jardín que desde te fuiste se implora tan invierno. Madre, cuando amitriptilina no sabe cuidarme de esta bronca y de esta profundidad, tus ojos desde mi recuerdo me dan su luz y dibujan en este rostro avejentado por tu ausencia una marca de perpetua timidez.
Y es que, madre, ni amitriptilina ni yo sabemos cómo haces para borrar todos estos ruidos de mi mente, que me engañan y me aislan, porque, madre, desde que te marchaste sin avión, permanece gris tu habitación y tu jardín. Y esta sonrisa que se muere de ganas por llegar hasta ti.
Madre, no te olvides de tenderme la mano, cuando yo quiera llegar volando al sol, si quiera para verte un ratito.
Y, madre, cuando amitriptilina no sabe llenar todas estas ansias que me llegaron por correo el día en que te fuiste, madre, apareces tú, con tu delantal y tu abrigo, enseñándome a cazar dragones bulbos, enseñándome a persuadir los relojes, inequívoco truhán, y recortar gladiolos de tu jardín que desde te fuiste se implora tan invierno. Madre, cuando amitriptilina no sabe cuidarme de esta bronca y de esta profundidad, tus ojos desde mi recuerdo me dan su luz y dibujan en este rostro avejentado por tu ausencia una marca de perpetua timidez.
Y es que, madre, ni amitriptilina ni yo sabemos cómo haces para borrar todos estos ruidos de mi mente, que me engañan y me aislan, porque, madre, desde que te marchaste sin avión, permanece gris tu habitación y tu jardín. Y esta sonrisa que se muere de ganas por llegar hasta ti.
Madre, no te olvides de tenderme la mano, cuando yo quiera llegar volando al sol, si quiera para verte un ratito.
lunes, 23 de diciembre de 2013
Fracaso
He caminado tantas veces tus mismos caminos, y ya no tengo más huellas por dejar.
He visitado todos esos lugares a los que concurrías para iluminar de vértigo tu promesa, y siempre he vuelto herido a casa.
Me he contenido de lágrimas, cuando te vi tocando el rostro fiero y pasivo de otro, uno que te acaparó tu corazón después de mí.
Me he cortado los pies para no irme de esta ciudad que te pertenece, que te suple, que te envuelve.
Me he quitado un poco la razón para poder buscarte altiva, entre mis fantasmas, cuando se incendia la noche.
He asistido a terapias para poder ser una persona mejor, incapaz ya de agonizar por tu ausencia.
He disparado promesas al cielo para que me acerquen en el tiempo tu rostro cálido, tus ojos perfectos, tu mirada secreta, y solo he conseguido lluvias y relojes.
Me he ido de este mundo incontables veces, y he vuelto lleno de teorías y lleno de intuiciones, pero solo me colmaban de suciedad.
Por último, he resucitado, para volver a escribirte los versos que te gustaban, y los he publicado en Poetas Inmortales... Pero no he conseguido ni siquiera un guiño, ni siquiera un inbox, mucho menos tu apresurada sonrisa, mucno menos que vuelvas a mí.
Entonces, parece que nada de lo que haga será suficiente. O tal vez el insuficiente soy yo, Porque siempre creí que tú merecías alguien mejor.
He visitado todos esos lugares a los que concurrías para iluminar de vértigo tu promesa, y siempre he vuelto herido a casa.
Me he contenido de lágrimas, cuando te vi tocando el rostro fiero y pasivo de otro, uno que te acaparó tu corazón después de mí.
Me he cortado los pies para no irme de esta ciudad que te pertenece, que te suple, que te envuelve.
Me he quitado un poco la razón para poder buscarte altiva, entre mis fantasmas, cuando se incendia la noche.
He asistido a terapias para poder ser una persona mejor, incapaz ya de agonizar por tu ausencia.
He disparado promesas al cielo para que me acerquen en el tiempo tu rostro cálido, tus ojos perfectos, tu mirada secreta, y solo he conseguido lluvias y relojes.
Me he ido de este mundo incontables veces, y he vuelto lleno de teorías y lleno de intuiciones, pero solo me colmaban de suciedad.
Por último, he resucitado, para volver a escribirte los versos que te gustaban, y los he publicado en Poetas Inmortales... Pero no he conseguido ni siquiera un guiño, ni siquiera un inbox, mucho menos tu apresurada sonrisa, mucno menos que vuelvas a mí.
Entonces, parece que nada de lo que haga será suficiente. O tal vez el insuficiente soy yo, Porque siempre creí que tú merecías alguien mejor.
miércoles, 18 de diciembre de 2013
Propuesta de amor
para E.R.C
Esta es una propuesta para Carol (su nombre empieza E), quien tiene una naricita perfecta perfecta, los ojos como ruidos en mi mente, y siempre sabe inyectarme emociones raras con esas lentas agonías de sus palabras mordiendo mis tímpanos. Ella está atrapada en el tiempo. De cuando yo era más yo, y era aún menos esto que me ha vuelto la impaciencia y la angustia:
miércoles, 11 de diciembre de 2013
Poema CCVIII
A Esthercita que en su palma
guarece mi corazón herido
Yo me hubiera casado contigo.
Y hubiera arrastrado mis pequeñas pertenencias,
y este inmenso corazón que tú luego rompiste.
Hubiera recorrido tu cuerpo sin mapas.
Hubiera inventado la cura para tu asma.
Hubiera escrito antes esa novela que te hice llegar el día de tu cumpleaños.
Hubiera suprimido mis fastidiosas manías
con tal de hacerte sentir más segura.
Hubiera corregido mis tristezas para hacerte más feliz.
Hubiera dejado los medicamentos para poder cumplir mi rol
de soñador a cabalidad.
Hubiera mejorado mucho a tu lado.
Pero no hice nada de eso. Y quizá por eso me dejaste
viernes, 8 de noviembre de 2013
Amistad
Una vez me dijiste que esta amistad, de patas
que siempre se tienen para sobrellevar la vida, como auténticos amigos,
como auténticos seres de carne y ceniza, sería exclusiva de dos personas
que no solo coinciden en Lacan y otros avatares de
la vida taciturna. Me dijiste que serías mi amigo pase lo que pase, que
te interesaba mi integridad y que te preocupaba mi tristeza. Y yo
prometí que siempre andaríamos de dota en dota, haciendo ese team que
nadie puede fulminar, que nadie podría romper esta amistad de camaradas
que hacen un super equipo de trabajo. Claro, eso cuando aún estabas
soltero. Pero ahora que tienes novia y te va bien... quizá ya no te haz
de acordar que yo fui el compañero que construyó en su vida un espacio
para un amigo como tú, de temple sincero y carácter único. Quizá, ahora
que tienes novia, ya no puede salir a jugar los mismos juegos de antes.
De todas maneras, si algún día tropiezas y te hacen falta más manos que
las de tu novia para levantarte, te recuerdo que todavía soy tu amigo,
aunque por ahora duerma en las postrimerías de tu vida, mi querido
amigo, yo siempre podré darte un hombro donde apoyarte y una
conversación lacaniana sobre esta cultura de masas que siempre nos
preocupó.
No pretendo un adiós, mi amigo, sino un hasta lueguito, voy a explorar la vida solo... Pero si me necesitas, aquí tienes mi inevitable cara de cuy para sonreírte
No pretendo un adiós, mi amigo, sino un hasta lueguito, voy a explorar la vida solo... Pero si me necesitas, aquí tienes mi inevitable cara de cuy para sonreírte
miércoles, 6 de noviembre de 2013
Un momento.
Me falta amargura para atar percebe la orquesta y el talón. Llevaré tu corazón a la lavandería cuando desocupe mis labios de esta sensación. El cuerpo pide por favor, pero ya te levantas, y nos hacemos remotos puntos de quiebre. Igual, sin este amor descriptivo, sin esta pasión desleal, sin esta lindura que se va quedando, otra vez vamos descendiendo, eternos cómplices.
Y no basta con creer en el juego y la locura, a veces eso no lo es todo. A veces, las duras veces, es mejor hacerse silencio, llenos de agujeros y matarnos por sentimentales. Ya que Dios nos limita, podemos atar nuestra punición al talón que destropa tus ojos.
Y ¿qué es la vida? No es más que el tránsito espacial para llegar a las derivas del sueño. Es un momento, el momento preciso en que me alisto para llevar tus besos a la lavandería, por si me los tiñen de hermosura y de tu color.
Piénsalo: tal vez no sabes que también soy mago y soy aire. Y que puedo colarme en tus pestañas, para, no sé, nacer en tus ojos como brillo príncipe.
Y no basta con creer en el juego y la locura, a veces eso no lo es todo. A veces, las duras veces, es mejor hacerse silencio, llenos de agujeros y matarnos por sentimentales. Ya que Dios nos limita, podemos atar nuestra punición al talón que destropa tus ojos.
Y ¿qué es la vida? No es más que el tránsito espacial para llegar a las derivas del sueño. Es un momento, el momento preciso en que me alisto para llevar tus besos a la lavandería, por si me los tiñen de hermosura y de tu color.
Piénsalo: tal vez no sabes que también soy mago y soy aire. Y que puedo colarme en tus pestañas, para, no sé, nacer en tus ojos como brillo príncipe.
martes, 22 de octubre de 2013
Reescritura de un discurso
Había una vez un padre que tenía una esposa y un hijo. Y eso parecía hacerlo feliz. Pero un día se enteró que su esposa estaba esperando otro bebé. Entonces recé: "Dios mío, si no es mucho pedir, haz que sea niña". Y así fue. Nació una hermosa niña. Y parecía mirarme desde el fondo de su silencio, el día en que la recibí en mis brazos. Ella fue creciendo. Y yo me hacía viejo. Y vi que Dios había hecho de ella lo que había hecho con mi esposa: una persona tan buena, generosa, amable. Pero supe que eso no le alcanzaría en la vida. Así que le pedí a Dios que la hiciera como yo. Y Dios así lo hizo. Ella se hizo dura y reacia; podía manejar camiones, pintar la casa, arar el campo. Se hizo emotiva y terca. Y yo dije: "Dios, ¡suficiente!, !hazla como Tú eres, Señor! Y así lo hizo. Ella tuvo ese apego por la gente pobre. Se hizo bondadosa y solidaria. Dio su vida por ayudar a la gente. Y así se hizo enfermera. Y ayudó a tanta gente. Peleó con la muerte por no dejarse arrebatar a la gente, las trajo de vuelta. Y escuchó el último suspiro de muchos moribundos. Entregó su corazón a la gente. Y caminó por el mundo ayudándolos. Ayudó gente en la Amazonia, en África, en Afganistán, en Iraq. Y en Siria tuvo que aprender a arrastrarse sobre su pecho hasta llegar al herido, sin ser mordida por las balas. Pero algo le faltaba. Entonces le pedí a Dios: "Señor, hazla feliz". Y te conoció. Yo nunca había visto ese brillo en sus ojos ni esa sonrisa en su cara hasta que te conoció. Y le estoy agradecido a Dios por eso.
Hoy, en tu boda, te entrego lo mejor que tengo en la vida, quizá lo único que me queda ya. Yo solo quiero que entiendas lo mucho que nos ha costado a Dios y a mí traerla hasta aquí para dártela en matrimonio.
Permíteme, por favor, un último consejo: Dios y yo hemos trabajado arduamente para que ella llegué hasta ti, así que, por favor, no la cagues.
sábado, 19 de octubre de 2013
El muerto vivo
La
vida es la excusa perfecta para llegar a la muerte. Tú eras la única vía
para llegar a la vida. Y tú eras la única excusa para no llegar a la
muerte. Y por ti fue que se me ocurrió timar a Cupido, y substraer de su
bolso estas pasiones que te fui regalando noche a noche, día a día,
cita a cita.
Lo que pasé contigo, fue una vida, si lo miras desde mi lado. Y cuando nos separamos, fue toda una muerte. Hay vida después de la muerte, lo he comprobado, pues supervivo a fuerza de nostalgias y escribiendo esta historia que te pertenece. Y a pesar de las trabas, mi corazón sigue latiendo por ti, como latía cuando estaba contigo, es decir, cuando aún estaba vivo.
Te escribe con todo el amor que se trajo a este lado del universo el muerto vivo. Porque los muertos alguna vez estuvimos vivos; pero no todos los vivos llegan a morir. Por ejemplo tú: nunca llegarás a morir, porque el morir es el olvido, y yo nunca te olvidaré
Lo que pasé contigo, fue una vida, si lo miras desde mi lado. Y cuando nos separamos, fue toda una muerte. Hay vida después de la muerte, lo he comprobado, pues supervivo a fuerza de nostalgias y escribiendo esta historia que te pertenece. Y a pesar de las trabas, mi corazón sigue latiendo por ti, como latía cuando estaba contigo, es decir, cuando aún estaba vivo.
Te escribe con todo el amor que se trajo a este lado del universo el muerto vivo. Porque los muertos alguna vez estuvimos vivos; pero no todos los vivos llegan a morir. Por ejemplo tú: nunca llegarás a morir, porque el morir es el olvido, y yo nunca te olvidaré
domingo, 13 de octubre de 2013
Te extraño
Te extraño cuando se acerca la noche con su desidia a oscurecer mi melancolía.
Te extraño cuando palpita mi corazón por algún deseo inconcluso.
Y te veo todavía limpiando mis heridas para siempre; llorando, y suplicándo que no me dañe porque te lastimo también: y ese es el recuerdo más doloroso y tierno que tengo de ti.
Te extraño porque te llevaste tanto de mí contigo; te extraño porque dejaste mucho de ti entre mis dedos.
Te extraño cuando florecen los amores, o llega la lluvia a corregir mi dicción con su dramático chac-chac.
Te extraño cuando me siento a fumar un cigarrillo, y el humo, como si fuese una seda, forma en el aire algo que se asemeja a un corazón partido.
Te extraño porque se me agotan los días.
Te extraño porque extraño tus besos con su cálido licor que corría por mis huesos y me invadían de pasión y locura; te extraño porque ya nadie me ha vuelto a decir que soy un tozudo y debería aprender a escuchar; te extraño cuando me afeito, porque ya no hay razón segura y mediata para hacerlo.
Te extraño porque mi cama es inmensa, y ruedo y ruedo y ruedo y no consigo caerme para despertar de una vez de esta pesadilla.
Te extraño porque he madurado y lo he hecho por ti. No me importa nadie más que tú. Todo lo que he logrado ha sido para impresionarte.
Te extraño porque soy un tonto que no sabe aceptar que te has ido con otro. Te extraño porque vives dentro de mí, con tus defectos, con tus virtudes, con tus sonrisas, con tus ojos pardos, vives y pervives.
Te extraño porque es un efecto secundario de la penumbra que disipa mis lisonjeras motivaciones. Te extraño porque mis ideales no tienen miedo.
Te extraño porque el mundo está rodeado de árboles secos, que me piden que te deje de extrañar, pero que no entiende que si tú no vuelves, sus hojas ya no podrán florecer.
Te extraño porque es delito. Te extraño porque es dolor. Te extraño porque quiero cumplir mi promesa de amarte toda la vida.
Te extraño porque soy perseverante y todavía sueño con tu delicada mano cariñando mi cabeza, diciéndome: "Ya, ya, niño, mañana las cosas te saldrán mejor".
Te extraño cuando palpita mi corazón por algún deseo inconcluso.
Y te veo todavía limpiando mis heridas para siempre; llorando, y suplicándo que no me dañe porque te lastimo también: y ese es el recuerdo más doloroso y tierno que tengo de ti.
Te extraño porque te llevaste tanto de mí contigo; te extraño porque dejaste mucho de ti entre mis dedos.
Te extraño cuando florecen los amores, o llega la lluvia a corregir mi dicción con su dramático chac-chac.
Te extraño cuando me siento a fumar un cigarrillo, y el humo, como si fuese una seda, forma en el aire algo que se asemeja a un corazón partido.
Te extraño porque se me agotan los días.
Te extraño porque extraño tus besos con su cálido licor que corría por mis huesos y me invadían de pasión y locura; te extraño porque ya nadie me ha vuelto a decir que soy un tozudo y debería aprender a escuchar; te extraño cuando me afeito, porque ya no hay razón segura y mediata para hacerlo.
Te extraño porque mi cama es inmensa, y ruedo y ruedo y ruedo y no consigo caerme para despertar de una vez de esta pesadilla.
Te extraño porque he madurado y lo he hecho por ti. No me importa nadie más que tú. Todo lo que he logrado ha sido para impresionarte.
Te extraño porque soy un tonto que no sabe aceptar que te has ido con otro. Te extraño porque vives dentro de mí, con tus defectos, con tus virtudes, con tus sonrisas, con tus ojos pardos, vives y pervives.
Te extraño porque es un efecto secundario de la penumbra que disipa mis lisonjeras motivaciones. Te extraño porque mis ideales no tienen miedo.
Te extraño porque el mundo está rodeado de árboles secos, que me piden que te deje de extrañar, pero que no entiende que si tú no vuelves, sus hojas ya no podrán florecer.
Te extraño porque es delito. Te extraño porque es dolor. Te extraño porque quiero cumplir mi promesa de amarte toda la vida.
Te extraño porque soy perseverante y todavía sueño con tu delicada mano cariñando mi cabeza, diciéndome: "Ya, ya, niño, mañana las cosas te saldrán mejor".
jueves, 29 de agosto de 2013
Pie de página a su amor
A Esther
Voy a decir de ella lo sugerente de sus ojos, el tiempo atrapado en su mirada, la tristeza que me fue robando y su cuna de muerte que ambos fuimos meciendo. Pero tal vez no me alcancen las palabras, porque a medida que escriba, cada línea arremeterá contra mí. Porque sin querer fuimos borrando nuestras almas. Y también, los significados de las palabras, hasta no quedarnos con más que murmullos y relojes. Dentro de unos días, tal vez hubiéramos cantado nuestro recuerdos, o echado al mar fracasos y garabatos.
Recorría mi cuerpo con su aliento e iba suturando mis heridas, colocando emplastos al final de la noche, coleccionando gotas de sangre seca. Y dormitaban mis dolores -los físicos y los de dentro del corazón- hasta que ella abría los ojos para no volver a verme más. No fue sencillo mantenerla conmigo, sobre todo después de haber alzado contra dios mi ira, entonces, hubieron tropiezos y muchas lluvias, y todo se fue haciendo tierra denostada. Aun con mi autismo, pude equilibrar con ella el presente y hacerlo más rotundo.
La noche se acerca y ella es un vacío en mi corazón, un fantasma, un recuerdo que se difumina. Mis labios se resecan cuando intento nombrarla. Estoy incapacitado para olvidarla. Mis fuerzas son tan escuetas, que ya no puedo esperarla de pie. Esto es un nada más. Y su perfume avanza cálido cálido a mi alrededor. Y nada más. Y nada más. Ella es un apenas, un instante presente atrapada en mi locura y mi pena.
Ella se peina. Y yo la contemplo. Cómo olvidarla, si es una síntesis de mis pasiones, mis alegrías, mis tristezas y mis relojes. ¿Por qué asemejarse a una herida por ella? Quizá lo valga, quizá yo sea una pústula, un temblor de sus pestañas, la gota que ensucia su rostro o le silencio mortal que de vez en cuando sabe plagar de gozo mi medrosa persona.
Ella tiene doble personalidad, pero ambas conviven dentro del paraíso marrón de sus ojos. Y en cambio no supe comprender a las tres. Me faltan palabras para continuar. Ella es como una abreviatura de mi tristeza. O es todo lo que soñé, con su calma épica y su proximidad. Se va mostrando lejana, porque ahora ella es humo y se esparce por la humanidad. Es un contraste: mientras ella sonríe, yo lloro. Y en cambio, si ella calienta el sol, yo permanezco dilatadamente en un autismo. Ella pretende que la olvide mientras avanza y avanza, recogiendo sus huellas, su infértil demonio. Si pudiera nombrarla amor mío, y estas sílabas no se agotaran en su paciencia ni su evocación, tal vez con su destreza y su pasión, vuelva a mí, portadora de mi felicidad. Y reconstruya esto que sucedió y que sigue sucediendo en mi cabeza.
sábado, 24 de agosto de 2013
Estancia
No es lo mismo esta mesura en tu boca, para callar el réquiem de tus lágrimas, y soplar en tu pecho, tratar de hacerte legible. Y esta denostada fiebre que me incapacita. Porque ya nada es lo mismo, ya no puedo salir corriendo y darme de golpes contra la pared, ni tumbarme en el jardín a contemplar, aterido, el impacto del sol, como cuestiones de saber. Ya no puedo salir. Todo está tan callado. Yo guardo un secreto, y guardo un motivo. Y además, con tu deseable ojo que nada ve ya, voy crispando, muerdo el anzuelo. Pero ya no puedo intuir, porque mi mamá se enoja si yo intuyo, dice que atraigo a la muerte con mi sonrisa. Me llamo muy pocas cosas las cosas que te recuerdan el dolor. Me enamoré de ti, la noche antes del despido, y pues, entre nosotros, uniremos las estrellas para recapacitar, mi perro, ese andrajo de cola que labraba en alemán, de la mano, los dos, como dos honrados mendigos, titubeando sobre la forma cómo morir, recorrimos América Latina, con su terror y su premodernidad. Y nuestra mustia tristeza. Y esta fiebre. Ya no sé darme golpes de pecho con un azadón, ni cortarme la piel con tus palabras. Ahora, la última manera de auto-lesionarme es mirarte a los ojos y saber que ya no soy yo ese ser que tanto te hizo reír.
sábado, 10 de agosto de 2013
La nostalgia acecha
La nostalgia acecha, y no sabe más que atraer tu quebrada sonrisa a mi memoria, con tu dispar rutina y la monotonía de tu cabello bien cuidado. Por tus laderas sin fin, he caminado alrededor todos los días de mi vida, con la sumisa esperanza de hallarte sólita, rendida y apasionada, y con el hervor de tus venas dolosas, por si acaparas otra vez este tu espacio vacío. Y es que todo sigue igual. Yo con esta culpa entre las manos, rezando por tu bien secreto, rompo los ecos de la torre del silencio. Y este tus ojos, por mi cuerpo sólido, como tres espejos que miran desde Sirio. Me han decapitado, pero solo consiguen que ya no llore. Por el contrario, te corté las alas y solo pude hacerte menos sorda. Una orgía de sangre, tus ojos rotos, mis pestañas mentirosas. Y este monumento a tus senos, que se fueron acomodando las exigencias tecnológicas del viento. Y este ajetreo, que nos arruina del pasado las perpetua mermelada. Te prohíben llorar por tu ex, porque te ataste a una muerma luz, tu bandera no flamea, tu futuro no tiene asidero, y contra todo ello, tu futuro se ve más fructífero y más delicado que el mío. Porque de aquí en adelante, cada vez que pase mi lengua por esos tus recodos invisibles, tu cuerpo níveo, recubierto de miel blanca, de fluídos de tu interior, de mi interior, de miseria y hambre, fierros, silencios, mártires, suicidios.
Todos en algún momento necesitamos alguien que se refríe con nosotros. La nostalgia acecha. Y trae una motosierra para mutilarnos, hacernos pedacitos de mierda y esparcir nuestros tontos restos por el mundo, y de este modo, tú y yo, aunque ortodoxamente, estaremos en todas partes, con la silente mentira de que algún día, yo pienso casualidad, podamos encontrarnos con nuestra carga de intelectualidad posmoderna, altiva decencia y rencor, resentimiento y este cariño maldito, que una vez nos quemó y dejó ampollas en nuestros corazones.
Me hago tarde. Pero la nostalgia acecha. Y ya dejó toda convención, viene arrepentida, y carga en sus lágrimas dulces, como epitafio, estas sensaciones primeras, que arrostran lisonjeros momentos: por ejemplo, tú y yo, de la mano, mientras tú pensabas en él, con su peinado amanerado y su punk underground, como quien imita a My Chemical Romance, con su carga emo, y su remedo de Green Day; yo entonces remediaba tu ausencia, cubriendo tus vacíos con turismos a la muerte. No es bueno hablar de broma, porque el inconsciente todo lo toma en serio. Fuimos perdiendo la sonrisa, fuimos perdiendo el color. Y morimos, pero esta vez para siempre. Te hicieron menos puta. Al menos a mí me hicieron menos de papel. Y cuando salimos del agua, las cosas que hicimos para vivir, no eran más que fantasmas en Comala. Los orígenes. Los tiempos. La nostalgia. Nos salimos de la ruta. Me hice tarde. Me hice noche. Me hice silencio. Me hice muerte. Y tú, te hiciste sola, te hiciste capitalista, te hiciste ausente.
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