sábado, 21 de abril de 2012

Enamorado

Amor



A Esther, porque me he enamorado  y te quiero 
y te quiero, no quiero otra cosa que estar a tu lado







Solo explícame qué tienes que me gusta tanto, 
muy aparte de esa simpatía que dilata mi felicidad,
y esos labios que me entusiasman cuando me besan.
De todas las cosas maravillosas que pudieron pasar,
el que tú estés pasando por mi vida es una delicia singular.

Los golpes que he recibido, los traumas que generosamente
se me obsequiaron en los campos de las flores,
me han enseñado que nada es para siempre.
Tú sonrisa tal vez en mi pensamiento sea eterna;
pero el que  nos hayamos juntado en esta etapa
de nuestras prístinas vidas, es solo un hecho fortuito.
Mas eso, no quiere decir que no te quiera. Te quiero.
Y bien lo sabes, porque sientes mi cariño
como algo que reconforta y despierta cada mañana.

Solo deseo estar a tu lado... Besar tus labios...

Eres esa fuerza que me lleva a la universidad cada mañana,
que me mantiene atento y prominente en la vida.
Y por las noches, eres el deseo eterno de dormir a tu lado,
de compensar mis lágrimas con cada uno de tus besos.

Porque me he enamorado y te quiero y te quiero...

Y sin un día rompemos nuestros lazos,
al menos podremos mirar el pasado y recordar
lo hermoso que fue estar juntos.
Porque tú me haces feliz, y yo te hago sonreír.
No sé si seremos el uno para el otro,
pero mis locuras terminaron en el mismo momento
en que tu boca y la mía se juntaron (para siempre).

Yo amaré a otra mujer, dentro de unos cinco años
y tal vez la ame como tú. Y ella te dirá: mamá.

Este es el presente y no tenemos otra frecuencia
más que tu vida en la mía, despavoridos y amorosos,
por el resto de los días que nos quedan en la dicha,
algún día miraremos al pasado y entenderemos
que la noche no puede ser más oscura que las que han pasado.
Que la luz llega con tu sonrisa, que cuando beso tu frente
empiezan los buenos días, que cuando beso tu boca
el tiempo se detiene y somos inmunes al rencor.



domingo, 15 de abril de 2012

Hombre que espera a una mujer que probablemente nunca vuelva

Algo que realmente se ha desarrollado en mí es la sensación 
de lo masivo en contraposición con lo personal; 
soy el mismo solitario que era, buscando mi camino sin ayuda personal, 
pero ahora poseo el sentido de mi deber histórico. 
No tengo hogar ni mujer ni hijos ni padres ni hermanos ni hermanas, 
mis amigos son mis amigos en tanto piensen políticamente como yo 
y sin embargo estoy contento, siento algo en la vida, 
no solo una poderosa fuerza interior, que siempre sentí, 
sino también el poder de inyectarla a los demás 
y el sentido absolutamente fatalista de mi misión que me despoja del miedo


La melancolía del político
(Giorgio de Chirico)
Por esas entrañables mañanas te mereces mi aprecio, mi continuo pensamiento, mis ideales rotos y que se recomponen en tu glorioso pecho. En esta tierra huérfana, en donde nos separamos como dos dadivosos mendigos, te infiltras para inmolarte en mi sangre, porque siempre serás, al menos en mi memoria, la idealista que conocí, y de la que me enamoré, por la que perecí en mis años de contubernio y depresión. En tus aladas pestañas encontré esa gloriosa marca de mi destino: pensarte irremediablemente extraña. Fantaseo con irme volando hasta los pies de tu cama. Y tan solo para admirarte. Porque el mar fragoroso de mi amor retumba en mis venas, cuando siento tu presencia en las avenidas que ahora me pertenecen. Y el mundo es mío. Pero tu mundo se ha roto. Y el universo que construimos ahora solo es una ínfima pústula que supura dolor y miseria para mis presentes.  Tus abrazos apartaban el miedo de mí. Me consumían en un fuego que me expandía y dilataba la alegría. Ven hasta mí. Yo no puedo ir hacia donde estás, ¿no ves que me cortado los pies tan solo para no moverme de este lugar, sí de este lugar, en donde prometí esperarte, por lo tanto de donde no moveré nunca... hasta que tú llegues? Las extremidades crecen... La distancia también. Somos cómplices en esta égida, y siempre estaremos huyendo de Egipto para conmemorar nuestros domingos de crucifixión. Y si ahora tu cuerpo entero, lo mismo que la esencia de tus mientes y tus principios y tus realidades, pertenecen a otra persona, alguien que se consume como pira a tu lado, atisbado y recóndito de amores, yo quiero que seas feliz, porque si tú eres feliz, mi universo es feliz, mis noches nunca llegarán sin estrellas. Yo quiero tocar tu corazón, porque desentiendo los improperios de tus acciones y la desastrosa mierda que me lanzas como palabras. Mis ojos no saben más que mirarte y llorarte. Y si tú, núbil dama, entiendes de estas sensaciones de muerte, quiero que entiendas lo fratricida que son mis congéneres conmigo. Me voy quedando sin amigos por solo hablar de ti. Me voy quedando sin vida por no quererme mover de aquí. Me voy quedando sin esperanzas porque llega la noche, suturan mis heridas y tú no apareces. En el olvido no hay nadie más linda que tú. Avanza esta pródiga noche, a la vez prolija y terebrante, y retroceden mis esperanzas de volver a verte. Desconfío sinceramente de estas muecas sonrientes que me regala la vida. Y eso no me quita las tentativas de que perdures en mis pensamientos, como lo que eres y seguirás siendo, una abstracción que deseo materializar. Yo todavía no me muevo, y eso que, a falta de pies, me han crecido alas. Todavía sigo sumergido en esta azul añoranza, en esta gris mediación del olvido y el desamor. Mis inquietudes son las mismas: perdurar para que perduren tus ojos en mis labios. Mis labios, en oclusión perfecta con las palabras, esperan animosos un beso. Pero la vida se nos agota, y empiezan a crecer otra vez las ansias de libertad. Yo quiero huir de aquí, pero no tengo los medios. Simplemente, y eso es cierto, me cortaré esta vez las alas, para no tener la tentativa hiriente de irme de aquí. Aquí te espero, tan solo como me dejaste, con el ceño fruncido y las lágrimas que todavía no terminan de caer. Quisiera llegar a tu corazón, como rayo de luz, para apaciguar tus dolores. Pero tal vez yo soy tú más grande dolor. En todo caso, mientras tardes en regresar trataré de ocupar mi tiempo con la benigna pasión de la escritura y las lecturas. Y por qué no, en edificar el cristal amarillo que guarezca para toda la vida -mi vida- tu sonrisa para mis mientes. 

domingo, 8 de abril de 2012

El Gran Otro

A Belem, cuando se pone
más Octavia que nunca


Esos días, cuando el futuro apenas apremiaba, se han ido, Belem. Y ya hemos crecido y tenemos tantas responsabilidades que no sabemos cómo sobrellevar esta vida que agobia. Y estos días, Belem, necesarios para todos, para nuestra generación que, supuestamente, tiene que ser la que patrocine con su cultura e intelectualidad el próximo bicentenario. Y qué lejos estamos de ser esos intelectuales. La vida no es tan simple. Somos apenas guijarros en esta playa absoluta...
Cuánto extraño las borracheras, las conversaciones, y esas ocasiones en que su honestidad rampante despojada  de velos inútiles, me decía con certeza brutal, cómo son las cosas en el caos. Es que somos muy idealistas, concluíamos. Y el mundo no está hecho para los idealistas. Somos subversivos. Nuestras ocasiones en el patio de Letras, nuestras coincidencias en el transporte público. Y los porros que me volvían paranoico. Sus ojos grandes, su honestidad, su crudeza. Y en el recuerdo es ud más Octavia, y se tiñe de más ideal que la misma Octavia. Los imaginarios, otra vez. Ya no hay principio sin final, al final siempre estaremos solos, cuando tengamos buena compañía, porque concluimos que somos idealistas y como idealistas que somos, siempre a nuestro pesar estaremos solos. Porque nos equivocamos de tiempo, Belem. No somos valorados como intelectuales, más bien aprecian nuestra capacidad técnica. Y eso es chantaje capitalista por supervivir. A la larga envejeceremos, pero nuestros corazones y nuestro ideales nunca morirán, y ud será más Octavia cada día. Y yo tal vez encuentre mi par literario. Y cuando estemos adultos y miremos el pasado, entenderemos por qué hacemos lo que hacemos, pensar de manera revolucionaria, sin entregarnos del todo a ese Gran Otro, que nos impone su ley. Espero no perderla de vista nuca, porque me regusta contemplarla como ideal literario. Tanto tiempo sin verla, tantas palabras obviadas, y, desde luego, tanto licor desperdiciado. Ya nos más borracheras, ni más de esos juegos tan bonitos. Ya no más chango vomitandome.  Solo nosotros frente a la vida con la equis distancia de lo que el Gran Otro espera de nosotros. Y es tiempo de servirles con algo productivo, el Gran Otro no necesita de pensadores, necesita de digitadores y técnicos. No queda más que integrarnos a esa sociedad, porque renunciar no es parte de nuestros ideales, Belem. Mejor sería fumarnos un porro, como en esos tiempos, Belem, cuando nada apremiaba y éramos simples.

lunes, 26 de marzo de 2012

Tú: tu recuerdo y yo en este valle

La vida es bella.Y he demorado mucho en asimilarlo. Y he demorado mucho en aprender a quererme. Estoy curado, es cierto, y ahora puedo curar a mis yos y estar en paz conmigo mismo y los demás. Ya estoy apto para querer y dentro de unos meses dejaré los medicamentos para iniciar otra terapia, una de reinserción a la sociedad y aceptación de los procederes a pesar de mis renuencias. Fui un antisocial del tipo autodestructivo. Y no me jacto ni me averguenzo, porque es hora de colocar el pasado en el pasado y el presente en su lugar. Y que estos días que viene tienen que ser promedios y alegres, con una sonrisa enfrentaré el día a día, porque gracias a las palabras de la doctora Villa, al apoyo moral de tu recuerdo, al cariño fresco y empático de Esther, a la amistad de Pittman, he aprendido a vivir la vida sin hacerme daño ni hacerle daño a nadie. Estamos en la vida para una sola misión, la primigenia misión que Dios nos encargó: ser felices a cualquier precio. Sobrellevar las penurias y las emociones con tino y ahínco, y, sobre todo, apego por la vida. Nacemos y crecemos por ideales. Y soñamos con hacer y perdurar nuestras fungibles vidas. Disfruto de mi carrera, mi eterna pasión con las letras, mi gozo con la literatura. Y repito que quiero poner las cosas en su lugar, el pasado en el pasado, el presente en el presente, la poesía en tu boca, la moral en mi cabeza y la pasión en tus besos. 

A veces me siento a tomar un café, miro el parque de Miraflores y me parece recordar el chico que fui, lleno de complejas dudas, atormentado por su inmadurez. Todo ha cambiado, mas en mí persevera el ansioso afán por perseguir los ideales, por cremar mis idilios, por ser feliz y por amar. Y ahora soy feliz, y recuerdo, y también lloro, también me amargo y sufro, pero ya no me desespero y tomo las cosas con madurez y calma. Asumo la cosas porque son.Tú también has cambiado. Y nuestros éxitos son paralelos. Yo sé que disfrutas, yo también disfruto, Yo sé que triunfas, yo también triunfo. Pero yo dependo de tu recuerdo y de todo lo que enseñaste para triunfar. Tú aprendiste de la vida, yo tan solo te enseñé ese lado sublime que algunos desesperados por el amor e inmaduros con el ego recortado pueden canalizar de la forma más endeble y sin miramientos ni remilgos.Tú me ensimismas desde el pasado. Y yo sé escribir esas vivencias e interpretarlas a mi realidad, que estar lejos, pero mirar hacia adelante, por si algún día me animo a llamar a ti casa e invitarte a salir, ten de por cierto, que me faltan los cojones para hacerlo. Lo más probable, y eso es cierto, es que espere que alguien llegue, me quiera, se aburra de quererme, se marche, me ponga triste un tiempo, piense en ti, y el destino nos una otra vez, como tú propusiste, nadie sabe qué pasará en el futuro. O puede suceder todo lo contrario. Puede que alguien llegue me ame, y yo la ame, no como a ti, quizá más o menos, y seamos felices por siempre.Y entonces tú vivirás en mí, como recuerdo, recuerdo hermoso y serás mi musa, mi mujer ideal. Por ahora eres la dueña de mis intoversiones. Y estas son las delaciones de mi corazón

jueves, 15 de marzo de 2012

Tan lejos y tan solo

¿Cómo estás querida? Tengo esposa e hijos...
De vez en cuando hablo con ella y hasta hacemos el amor...
No es que quiera molestarte, pero me es imprescindible 
sentarme en un café, y soñarte un poco... Y tal vez amarnos...


Las horas son nuestras innegables torturas. Yo lejos de ti, como un tormento a solas, me depuro, y no arrullo esperanza de que vuelvas a mi lado. Y sin embargo, siempre pienso en ti. Tengo la vida hecha de recortes de periódicos, de azulejos que robamos de la Iglesia de San Franciscos. También me componen irremediablemente hablando, los blandos púlpitos secretos en donde conferías tus votos de silencio, ante mi dominante cariño. Y eso ero vasto en nosotros, que éramos como dos niños que apenas si sabían quererse a sí mismos. Claro, que cuando yo dejé la infancia y entré a la niñez, tú ya eras una adolescentes de lentes y cabellos castaños. Y eso era la vida para mí: contemplarte sin el menoscabo, ni la superficial idea de perderte un verano. Cuando los olmos florecieron, grande fue la lluvia, las toneladas de dolor no suplieron el trajín por el que casi me muero. Y una y otra vez y más veces, llorando y rapto, oh, Proserpina, oh, Helena. Y tú disgustabas mucho del silencio clemente que nos imperaba como dos coágulos. Mira, yo aquí feliz de haberme encontrado, capaz de ser feliz yo solito. Con la resolución más importante de estos días, que es imperar sobre las nostalgias que nos disparan a estratoféricas tristezas. Tú y yo nos vamos distinguiendo del tedio y la rutina, por un lado sobresales de mí corazón, como una protuberancia que cobra certeza en cada respirar. Formas parte de mi ser. Por eso formas parte de mi corazón, aledaña a mi alma, pervives como la historia de mi confianza en la vida. Viajas por mis venas con una premura de ángel. Y yo todavía no sé olvidarme de tus ojos pardos, de tus lentes caprichosos, ni de tu cabello castaño, que, intuyo, ya ha crecido. Y has adelgazado, me cuentan, eso quiere decir, que la esbeltez de esos días, cuando la duda y la soledad nos asolaba, han vuelto. Es decir, que estamos como al principios, tan solitos y tan lejitos. Separados por una río de asfalto y estas mis ganas de no atreverme a buscarte, mi amor. Mi amor, mi musa, mi vida...

lunes, 12 de marzo de 2012

La flor herida

Tú no eres una flor. No eres soberbia envejecida, ni hastío del tiempo reluctante. Eres la jovencita de lentes, con miopía y piel clara, de la que me enamoré allá, por los años del egoísmo y del tabaco. 
Tú no eres un ángel. Eres tan terrenal, con tus pecados y tus vesanias, pródiga de virtudes, prolija en defectos, con tus insanos comentarios, y la boca hecha de miel, que a veces sabían a amargura del tiempo y de la frustración hechas trajines. 
Tú no eres una flor. Las flores se marchitan, tú rejuveneces con el día, y te levantas de tus escombros, de estrambóticas situaciones, eres luchadora; aunque en ti, la luchadora social que conocí, esté dormitando, como el pasado que vamos dejando. 
No eres pasado, eres presente. No eres presente, eres ausencia. Y del tiempo, eres los minutos muertos. Y de mi memoria, los preciosos recuerdos. Eres amor eterno, cándida luna que acompaña mi soledad. Y si estoy solo, no es por menosprecio a la sociedad, es para evitar contaminarme de los demás. No eres luchadora social, ni siquiera simulacro de guevarista, ni siquiera burgués teórica; por el contrario, una apacible dama, el común, parte del resto que desea ser feliz, en su virtud, gracias a la manipulación de su inteligencia y en provecho de los demás. Eres una linda sonrisa, que todavía sabe atraparme, que todavía sabe sonrosarme, que todavía sabe ensimismarme, que todavía sabe inspirar líneas. Y tus palabras son tósigo; y ante eso, ya estamos entendiendo, el mecanismo de la maduración: no necesitamos a nadie para ser felices, nos necesitamos a nosotros mismo, porque somos suficientes para ser feliz, el uno, lejos del otro. Pero qué lindo sería coincidir contigo, otra vez...
Tú non eres mujer feliz. No eres una flor. Eres mujer herida, mujer dañada, una flor de pétalos rotos, de inspiración roída, de raíces podadas. Mujer que padeció martirio, esclavitud y vivió presa de mis suicidios.

Y el tiempo se encarga de borrar las estatuas que fueron hechas de arena. Y también de evaporar los océanos de lágrimas. Particularmente, de ayudarte a formular el olvido selectivo. Y entre ellos me voy yo.

Yo no soy un galán. Yo te hice mucho daño. Y no hay tiempo para remediarlo. Ni siquiera nubes que apoquen mis huellas alevosas. Las primaveras han huido de mi boca. Yo no soy guerrillero de tendencia guevaristas, soy otro teórico, un revolucionario de escritorio. En eso sí que nos parecemos, somos tal para cual, en ese sentido estricto de la realidad. 
Yo no soy un caballero, no lo fui siempre. Aprendí a respetar a los demás, cuando aprendí a respetarme un poco. Cuando supe qué es eso que llaman autoestima y caminé solo. Y decidí ser feliz, con o sin ti. Y hay tanta gente que quiere ser feliz conmigo. Y yo empecinado, en se feliz para ti. Y la cosas no son así. Soy feliz, y no necesito a nadie de quien dependa mi felicidad. Somos autosuficientes. Recuérdalo, cuando marches sobre la burocracia y te confinen a un escritorio y depuren tus ideales.
Y ahora eres la jovencita de lentes, a la que dejé llorando en Barranco, la que me rompió el corazón para siempre, segundo antes que te marches con él. Eres mi piel, mi musa. Eres los ojos heridos que quiero curar. La luz que quiero enamorar. La épica lucha que quiero terminar. Si te quedas acá, en el pasado que pretendo dejar, espero no tener que añorar en el futuro lo feliz que pudimos haber sido juntos. O las grandes cosas que pudimos construir con un poco más de tino y madurez.

Te vas quedando... Pero sigues y seguirás siendo mi musa, mi reina, mi amor. Y la flor herida que siempre se puede reponer de sus escombros

sábado, 10 de marzo de 2012

Hombre que mira a una mujer

Llueve, ¿cierto? Y aquí se respira tristeza. Todavía soy incompetente en ese sentido. Toda la felicidad que acaparamos se va con las gotas de lluvia. Por la tarde dormíamos juntos, respetando nuestros anhelos y nuestras causas comunes. Quiero ser como tú, dijiste, dormitando todavía. Y te propuse si no podrías ser más altanera. Pero, claro, tú desconoces de eso. Das el todo por el todo, y yo todavía sigo siendo un chico malo. Ciertamente, y eso es un axioma, no me necesitas para ser feliz, ni yo a ti. Podemos ser felices por separados, tenemos esa capacidad y esa ganas que Dios en compensación nos dio. El que creas que eres feliz conmigo o yo contigo, es solo superstición; tan solo tenemos la grata coincidencia de coincidir en este instante de felicidad que nos creamos. Pero que compartas tu felicidad conmigo o la mía contigo, eso es otra cosa, una más sencilla y acústica, como para oír mientras nos vamos quedando dormidos otra vez. 
Sabes-que-te-has-hecho-mayor


Te aburres de mí y te vas a dormir, o eso cuentan los periódicos de mañana. No sé retratar mi arrepentimiento ni dibujarme pueriles ansias de ser niño bueno. ¿Por qué no saludaste a nadie en el día de la mujer?, te preguntaste mientras colocábamos la cortina en su sitio. Con qué cara puedo celebrar este día tan nominal y delicado, si yo mismo he herido a una mujer de porcelana y miel. Tú misma has sufrido un rato por mi oposición y mis frustraciones, mis diligencias por apartarme lo más posible y oír la sinfonía de mis pensamientos. Me desgasto de sangre y llanto. Ahora mismo lloro, y esta lluvia de mis ojos no emula la de afuera, porque no pretendo despertarte ni asimilarte como otra. Solo quiero que entiendas que estuve loco, pero ya cambié. Y que ahora soy inofensivo o estructurado de mucho más papel. Yo te amo. Y si en la tarde no te dije nada al oído, mientras dormías, era porque dibujaba acuarelas de tu belleza en mis pensamientos, para que un día no muy lejano, tú entiendas que no nos necesitamos para ser felices. Somos autosuficientes, somos incipientes. Yo mismo he cortado el velo, he roto el cristal y he desaparecido con los primeros días del año. ¿Por qué me necesitas entonces si puedes ser feliz sin mí, si las cosas te van mejor desde que no estoy a tu lado? Te necesito para tener con quién compartir esta alegría. O para que el curso general de nuestras vidas siga yendo mejor que antes, porque, ciertamente, hemos madurado, aunque entiendo que te hayas vuelto algo arisca. Ahora duermes, y no haré ruido para que te despiertes y me prestes atención. Yo solo quiero tus ojitos cerrados y no terminar esta admiración.

jueves, 8 de marzo de 2012

Primeros pasos para ser escritor de verdad

(Discurso de mañana en la premiación del concurso de cuento y poesía Un millón de razones para escribir)

A C, ausente en mi mundo,
presente en mi corazón

Hasta ayer fui solo el chico que se sienta al fondo del bus, en el asiento más lejano, el asiento que nadie quiere, tan solo para poder estar a solas con sus pensamientos, y estructurar narraciones de una posible novela. O el que transita Lima observando edificios de belleza colonial, decorando sus ojos con las volutas y los hermosos capiteles de las imperiosas casonas limeñas. O el trasplanta mundos cotidianos a realidades que le competen a su yo herido. O el soñador empedernido que todavía quiere retroceder el tiempo para cagar las cosas un poco menos. O el chico triste que ni un solo día deja de pensarte. O el tímido colega que se apresta a saludar cuando ve a una autoridad en su frente, y, sobre todo, elocuente en el arte de ser cordial. O ese que se pasa horas leyendo temas que otros consideran pueriles, y se documenta tan solo para escribir un miserable párrafo de una extraña novela. Hoy dejé de ser solo eso.

Y mañana, pasado el medio día, cuando reciba el premio de manos del alcalde, en el momento del discurso, maldita sea, te tendré atravesada en el corazón, porque no habría llegado hasta aquí sin ti. Eres la razón de mi poesía, eres el porqué de mis letras. Ese premio te lo debo a ti. Es tu premio. Nuestro premio. Desde mañana seré un escritor de verdad en sociedad. Mañana, vestido elegante y en compañía famélica pero reincidente, podré decir desde mi corazón: Gracias, este premio te lo debo a ti. Es mi primer premio. Y eso me alegra. Me voy haciendo escritor de a poco, un escritor de verdad, que tal vez descubra del todo la verdad que guarda dentro de su inaccesible ser. Y las introversiones, por supuesto, tú me las regalaste. Yo a ti te debo eso: la capacidad de sublimar, de escribir teorías y mencionar alternativas de la realidad. Tú me enseñaste a amar y a vivir. Desde mañana mis empeños por sobresalir y reconquistarte han dado un paso gigante, porque ya soy escritor para la sociedad. Me hubiera gustado que lo recibas conmigo. Mi premio, el que de verdad quiero, es una cita contigo, una cita especial. Gracias por todo a todos. Y a ti, por existir, sin ti no habría poesía para mí. Eres mi musa, mi reina, mi amor...

lunes, 5 de marzo de 2012

El origen de los lunares

¿Has notado las manchitas rojas que nos va dejando el olvido?

Todo empieza con la inefable pena. Al principio de los tiempos esas manchitas eran heridas que no cicatrizaban, eran cortes rectos que expelían llanto e irradiaban muerte. Con el paso del tiempo, una lánguida capa de desaforados recuerdos, otras tristezas opacas, pero insuficientes, recubre la herida y le da un aspecto de cicatriz queloide. Entonces interviene la sublimación, la ayuda de los amigos, el empeño por sobresalir, la obstinación con la mala sombra, y, por supuesto, la química. Cuando esos sucede, la cicatriz queloide, que en el principio de los tiempos era una herida abierta, se transforma en una llamativa marca nacimiento. Y pasan las eras, pasan los tiempos, con sus respectivos imperios, con sus respectivos infiernos. Y sale el sol, un sol que no sabe evaporar, a pesar de ello, millones de lágrimas. El recuerdo se hace desgracia. Interviene el olvido. Y el olvido viene de todas partes, pues hasta dios se olvida de uno, y principalmente te olvidas tú de mí. Toca ser recíproco, pero no haraganes ni hostiles. Simplemente solidarios en la marcha y marchitos en el tiempo, como dos margaritas que fueron deshojadas. O tenues tormentas que rompen sueños y recortan imágenes absolutas. La nostalgia otra vez. El añorar las cosas que se van dejando y las que personas que nos van dejando. Y todo el llanto vertido en ese proceso de olvido, deja en la piel esas manchitas rojas de las que te hablé, y que he notado mucho en tu espalda, y en tu cuello, y en tu vientre y en tu rostro. Siguen pasando las eras, una revolución del tiempo, el corte y queda de la última escena, ese es el recuerdo más fresco, exactamente tu llanto antes de que te fueras con él. Y ese llanto yo te lo provoqué, no me ufano, pero me gustaría remediarlo. Sonrisas por los siglos, estertores de muerte en las noches, argucias para disimular el desamparo en sociedad. Y tus manchitas rojas, las que yo empiezo a tener, se tiñen de azabache. Y se hacen lunares negros. Y tienes más lunares oscuros que yo. Cada lunar negro es un momento feliz, en el principio de los tiempos, y quiere retratar tu éxito en el proceso del olvido. Sin embargo, también noto que tienes lunares que no son ni rojos ni negros, más bien marrones. Quiere decir que todavía no olvidas algo. Al parecer como tu primer novio no lo hice tan mal. Y eso que tú eres mi primer amor de verdad. Y he de reconocer que ahora tienes más lunares que antes. Tal vez ya vas olvidando todo. Y lo haces muy bien.
Ahora que ya sé el origen de los lunares negros, no quisiera jamás ya que me salga un lunar, porque, demonios, no te quiero olvidar. Pero ya empezaron a salir manchitas rojas en mi piel. Blandiré tu recuerdo hasta el momento en que el tiempo se canse de trascurrir y otra vez sea el principio de todo. Contigo o sin ti. Te amo, aún y aun. Con él o sola. Siempre seré el turista en tu cabeza.

jueves, 1 de marzo de 2012

Barriletes de mi corazón

El mayor sacrificio de amor no es quitarse la vida por alguien que amas; el mayor sacrificio es entregarle la vida a ese ser que amas. Yo no te entrego mi vida, para qué la querrías, y eso no quiere decir que no te ame. Te entrego poesía, por si sabes valorar lo que te escribo. 

El olvido toca la puerta y hace sentir sus dedos fríos en mi espalda. Recorre con el pulgar mi pecho y te ausentas un rato de mi memoria. 

No soy el mejor, lo sé, y eso no es humildad, eso es sinceridad. Si quieres humildad puedo decir que mi amor no es el mejor que podrías conseguir; pero sí que nadie te podrá amar como yo te amo, tan sincero y desnudo, con el corazón hecho jirones, pero firme y deseoso de cumplir cada una de sus promesas, como lo voy haciendo hasta ahora, en secreto para que todos lo sepan. No son los versos los que dan fe del enamoramiento, son los latidos del corazón.; siempre sé que estoy enamorado cuando pienso en ti y mis latidos aumentan, las pupilas se me dilatan y el deseo por vivir es intenso.

La depresión toca la puerta y hace llover en mis ojos. Desbordo tristeza. No necesito consuelo, soy capaz de reponerme con mis propios sueños.

De todas maneras me alegra ser una de esas pocas personas que puede expresar su ideación sin remilgos. Lo que no me agrada, y tú lo sabes, es que soy algo inseguro; pero ya no en el amor, más bien sobre la imagen que tengo de mí, tengo un concepto errado de lo que soy yo; porque tal vez soy más de lo poco que creo. Y cuando asuma eso como un axioma, podré irte a buscar, claro, si es que tú decides recibirme. Me enteran que sufres. Cuando te hartes de sufrir por amores de un rato, dame una señal, porque yo sé perfectamente y al pie de la letra que puedo hacerte enteramente feliz. Si no te busco es porque mi inseguridad, la autoimagen y ello, y también por que quiero que entiendas que nadie podrá amarte igual que yo. Tuve mis errores. Hice muchas tonterías, pero no valoras mis logros ni mis introversiones. 

La vida se hace de escombros, pero no de olvidos. Yo quiero hacer una vida, pero no a raíz de olvidarme de los escombros en que me dejaste. Sé que podemos mejorar esta distancia, hacerla ínfima y separar la desgracias de las sonrisas. No sé a ciencia cierta si soy del  todo bueno, pero soy buen estudiante, buen trabajador, amante de la justicia, probo en buena medida, y hartamente lírico. No sé si valga algo eso en el estándar tuyo. Tengo un lado dormido. Y es que desde que fuiste no he podido amar a nadie. Y hay indecisas dementes que me amaron, elucubrando tiernamente que yo era el hombre que ella esperaba; pero yo no pude corresponderles como se debe. Sinceramente, se debe a que no puedo amarlas porque mi corazón te pertenece. Y esos días, en cambio, tapizados ahora como recuerdos, son solo míos. Y por ello se debe a que escriba. Mis amigos me dicen que te olvide, que escriba de otras cosas. Y les hice caso a medias. No te olvido; pero en cambio me dedico a leer libros sobre las dictaduras militares, novelas políticas y ensayos socioeconómicos, para poder fecundar una novela que te guste, aunque tal vez no puedas leerla. ¿Qué puedo decirte que no sepas? Ya no me lesiono, tengo rango, "respeto", peso y "comodidad" en mi trabajo. Qué más. Que te amo lo sabes. Que no te olvido lo sabes.Que a veces todavía lloro por ti, eso no lo sabes...

La nostalgia toca mi puerta. Te extraño. Ojalá podamos hablar. Y espero te guste esta canción, la cual deberías escuchar mientras lees esto que te pertenece, porque eres mi reina, mi musa, mi amor.

domingo, 26 de febrero de 2012

Forever alone dos

Cuando me siento solo suelo escribir rubricas de gente que alguna vez me quiso, pero por mi inmadurez perdí su cariño. El trabajo de oficina me limita mucho. Yo no pertenezco a ese mundo, uso la imaginación para escapar de ese encierro. Pero desemboco en otro mundo: Tú. Y luego, cuando regreso a este, estoy solo por siempre. Como al principio.

Trabajar, firmando papeletas de salida, de rato en rato, cuando el tráfico se pone pesado y eso me genera tiempo, leer la biografía del Che Guevara, contaminarme con teorías revolucionarias, en vez de hacerla. Suelo divagar llevando mi mente a universos paralelos, recreando mundos, delirando por mi musa. Y todo eso es la estructura de tu cuerpo, de tu personalidad que yo amo. Y luego, cuando el tiempo me lo permite, escribo poemas, que tú no sabes apreciar, que no sabes valorar, pero que a pesar de ello te pertenecen. La muerte es parte de mi pasado. Mi presente se basa en vencer esta inseguridad que me gobierna, esta indesición, y cuando lo hago irte a buscar, así me lastime, porque si me lastimo, yo no me moriré, si he de morir será por una causa buena, nada más puro que morir por ideales, o en el caso mío para con el tuyo, por abstracciones.

Te amo. Y tal ves te ame toda la vida. Un año y te amo como el primer día. Sé que la culpa es mía. Deja que yo remedie todo ello. Mi amor, mi reina, mi musa... 

Sigo sintiéndome solo

viernes, 24 de febrero de 2012

Un año y nueve días

Tú eres la mujer por la que espero desde hace un año y nueve días. Tú eres el enclave de mi paraíso, la razón de mi poesía, el eco de mi pasado feliz, los remanentes de la literatura hecha mujer.

Pero no soy un buen poeta, porque no sé atraparte, ni reconquistarte, porque no sé irte a buscar. Y es que me da miedo tu reacción. Solo soy un acontecimiento en tu vida, la prueba del vacío que dejó el desamor en tu alma; solo soy ese que te trajo tanto problemas y que ahora detestas, y que ahora desoyes. Cargo esta deuda con el destino. Cargo esta cruz y la lapidaria situación de verme a solas, como al principio. 

Las noches fueron testigos de los sonidos que inventé para ti. Y no tengo más que sentir, por qué, como todos los finales reales, este también será un final infeliz. 

Y esas noches fueron diferentes a otras. Porque en otras noches, sabía cómo no herirte. Me ahogo en culpa y llanto. Yo destruí todo. Malditos trastornos de la personalidad. Yo no pedí ser así, pero así soy. En otras noches, no solo noches de sexo, eso no fue sexo para mí, eso fue sinceridad y amor. Cuando me entregabas tu alma y yo te entregaba la mía. Y éramos el uno para el otro. Nos desvestíamos juntos y nos ayudábamos a vestirnos otra vez. Y yo me entregaba sinceramente, y tú alma, esa esencia tuya era mía permanentemente. Y después de tantas lunas, esas noches de interminable amor, se apagaron. Y desde entonces, no he vuelto a sentir eso que sentí por ti, aunque haya esperado un año y nueve días por ti. 

Si decidí hacerme escritor, ahora lo entiendo, fue para poder dedicarte lo que escriba. En cinco años no he conocido a nadie como tú. Con nadie he vuelto a hablar de esas cosas que tú me decías; ni he vuelto a sentir las sensaciones maravillosas que me regalabas. Yo no sé cómo hacer para conversar contigo. Sueño que hablamos por chat, sueño que paseamos; pero como tú mismo dijiste, y antes fue Freud, los sueños son las manifestaciones de nuestros temores, nuestros miedos y nuestros anhelos. 

No puedo entender el mundo sin ti. No me acostumbro. Y ya pasó un año. Y no he dejado de pensar en ti un solo día. ¿Cuántos más pasarán?

Escribo una novela. Y en ella también imprimo tu forma de querer y tu personalidad. ¿Algún día podremos salir a tomar un café? ¿Qué hay que hacer para ello? ¿Irte a buscar o dejar que el destino se canse de bifurcarnos? ¿Amar a alguien más tal vez? ¿Y si fuera ella? Siempre te amaré, porque te lo prometí, para siempre serás la dueña de mis introversiones. Y siempre pensaré en ti. Cuando escuche a Kenny Roggers, pensaré en tu boca, en ti. 


martes, 14 de febrero de 2012

A quien corresponda

A quien corresponda


Número UNO

Sonrío porque a ella le gusta verme sonreír, sospecho que le gusta verme feliz. A mí me gusta verla dormir con las manos cruzadas, como desentendida de las cosas y del caos. Me llaman la atención sus ojos enormes, su cabello castaño y su piel clara. Los lunares que la adornan, la sonrisa que le provoco. Su blusita blanca y el brillo que la precede. Sonrío porque ella me da motivos. Y con ella sentirse solo, cobra otra definición; porque cuando me toca y me eriza la piel, puedo decir que encuentro compañía. Dice que le gustan mis labios, que no le importa que esté reloco, ni que tenga estos cambios de ánimos tan raudos. Cuando me habla, una pátina de la pone más hermosa. Se maquilla con frecuencia, pero esto no quiere decir que sin su capa de maquillaje sea fea, ella es muy bella. Y sonríe siempre como si no conociera la tristeza. En este instante se está alisando el cabello de niña. Su aroma es a niña con perfume de mujer. Se toca las puntas de los cabellos, me está mirando, me sonríe y dice que tengo unos labios preciosos. Creo que le gusto. Anotación mental: ella debe usar lentes de gran medida.

A quien corresponda, también

Número DOS

Me opacan las mañanas sin tu fulgor. Me desviven los ojos sin tu brillo. Me consume la vida sin tu cariño. En un tarde lejana, fuimos felices, en esos tiempos cuando el sol no era más que una lágrima áurea, cuando la vida era un feliz. Y no nos separaba el tedio ni la desidia. Pero esos días calcinados por el tiempo se fueron agotando hora a hora, con su lento vaivén de sueños. Y tú reluces compañía y remontas penas; y simplificas las tristezas con tu forma de ser. No puedo oponerme a tu designios, no puedo arder en mi pira. El tiempo avanza en su insustancial huida de platos rotos y palabras que hieden a dolor. El caos, la miseria, tu avance a la adultez. Mi dolor en las entrañas, los susurros de muerte, el deseo infame de ser para ti. Y los ojos decaídos, los peligros en el trabajo, esos tedios que me provoca el hijo de puta que dice que gobierna el área. Y la distancia oronda que nos separa. Quisiera coger el teléfono y llamarte, pero, seamos ciertos, soy un cobarde; me da miedo tu reacción. Me doy miedo en el patetismo que me sumergiré tras tus palabras de torva condena. Es que mi vida ha sido creada para compartirla con alguien genial como tú. He pasado tanto y ha pasado tanto, pero sigues en mi mente, fresca y tierna, con tu sonrisa. Sé que no existen los catorce de febrero para ti, pero yo no quiero un catorce, quisiera una eternidad para los dos, cargando sonrisas y saboreando alegrías. Nota mi pena, siente mi alegría, vive mi delirio. Quiero quedarme debajo de tu piel, entre tu recuerdo y tu alma. El olvido no puede con mi memoria.

Forever alone

Hoy suicidio, mañana resurrección o reconciliarse con el dinero, en este candente, pero intruso, catorce de febrero. Cuando el mundo sale de la mano de a dos, y se juntan en irremediables besos, en una fiesta en donde los sentimientos capitalizados cobran predilección. Se llenan las habitaciones, se escapan los deseos, recorren los cuerpos sensaciones que parecen primigenios. Se proyecta la vida a un hondo vacío, ecuánime y sórdido. Pero qué se hace, así es el amor de cursi. Y nos vuelve cursi a cada beso y beso y beso.

Y si hoy te vuelvo a ver...

Me quedo sin amigos por solo hablar de ti...

Hoy suicidio, mañana resurrección o amistad con el dinero, en este terrorífico catorce de febrero.

jueves, 9 de febrero de 2012

Baila conmigo hasta el fin del amor


Por  siempre para ti, C,  
para que nunca pierdas 
el gusto por sonreí 


Baila conmigo hasta tu belleza con un violín ardiente
Baila conmigo a través del pánico hasta que esté a salvo 
Llevame como una rama de olivo y sé mi paloma protectora
Baila conmigo hasta el fin del amor

Déjame ver tu belleza cuando los testigos se hayan ido
Déjame sentir tus movimientos como lo hacen en Babilonia
Muéstrame poco a poco aquello de lo solo conozco los límites
Baila conmigo hasta el fin del amor

Baila conmigo hasta el momento de la boda, bailemos una y otra vez
Baila conmigo con mucha ternura y baila conmigo por mucho tiempo
Estamos los dos por debajo del amor, estamos por arriba de él
Baila conmigo hasta el fin del amor

Baila conmigo hasta los niños que están pidiendo a nacer
Baila conmigo a través de las cortinas que nuestros besos han gastado
Levanta una tienda de refugio ahora, aunque cada hilo se rompa
Baila conmigo hasta el fin del amor

Baila conmigo hasta tu belleza con un violín ardiente
Baila conmigo a través del pánico hasta que esté a salvo
Tócame con tu mano desnuda tócame con tu guante
Baila conmigo hasta el fin del amor 


(L.C.)