Vengo trabajando desde el silencio.
Y tú tocas toc-toc mi mente,
con tus manos de pinzas, con tus aspiraciones de aserrín;
apenas si sucede el día, y ya estoy extrañando al muerto.
Y el mundo es tan distinto, lejos de control,remoto.
Mientras tú me miras, yo me vuelvo anciano.
No aprendí a querer, pero aprendí a necesitar.
De cualquier modo, los ojos bastan, si puedo intuir que entre tú y yo,
como dos muros, un eclipse que separa esta psique podrida y tu
percepción totalizante de un cuerpo extraño.
La demencia es entonces un capítulo que se escribe en tu boca. Un hospital raro, por cierto.
Yo pensé que tu frialdad y el desgarro iba llevar a querernos; pero no,
el tiempo fue más díscolo. Y a pesar de que tu corazón es igual que el
mío, aún no sé qué hacer conmigo. Puedo adivinar tus verdaderas
creencias, cómo tocas mi mente, cómo limpias mis fantasmas con tu dosis
de alcohol.
Me despiertas arruinado. Una noche anterior..., musa
que desmenuza mis talentos, si es que quedan, y hacen de este fortín,
puro papel, bastardo sin alma. Como si dialogara con un pared, la edad
de todo el mundo, se hace tu piel, entre escamas y tu piel de profeta...
sábado, 19 de julio de 2014
lunes, 14 de julio de 2014
Silente
Un abrazo tuyo, que me explique esta necesidad
de necesitarte, o que al menos disimule mi hambre de volver sobre tus
huesos, a prefigurar un sueño de manicomio y terrazas; que pueda al
menos recuperar algo de mi negación fortuita, mi identidad que llega hasta tus playas.
Necesito tu presencia, como si necesitara tu cuerpo para descansar.
Necesito tus brazos para que me saquen de esta prisión llena de ratas.
Yo repito tu novedad, y mi boca se hace centella de tus ojos.
Necesito tu magia, porque sabe liberarme. Y aunque sé que existe la distancia, tu vapor de crepúsculo y baile, al menos se asemeja en estas fechas a una risa que yo necesito para que algo me saque de aquí.
Me hago indigente en mi propio entierro.
Me lleno de papeles para recordar.
No hago más que huir, y es la mejor manera de adentrarme.
Lo que necesito yo, es que tú me saques de aquí, y me lleves contigo; en tu bolsillo, no importa, o en tu oreja, como arete, o en tu dedo como sortija, o en tu cabeza, como remanente.
Porque cada vez que quiero gritar me llaman indecente. Y cuando guardo silencio me secuestran los ensimismamientos. Y yo no sé salir de aquí, si tú no estás afuera con tu silueta de cordura y compañía.
Necesito tu presencia, como si necesitara tu cuerpo para descansar.
Necesito tus brazos para que me saquen de esta prisión llena de ratas.
Yo repito tu novedad, y mi boca se hace centella de tus ojos.
Necesito tu magia, porque sabe liberarme. Y aunque sé que existe la distancia, tu vapor de crepúsculo y baile, al menos se asemeja en estas fechas a una risa que yo necesito para que algo me saque de aquí.
Me hago indigente en mi propio entierro.
Me lleno de papeles para recordar.
No hago más que huir, y es la mejor manera de adentrarme.
Lo que necesito yo, es que tú me saques de aquí, y me lleves contigo; en tu bolsillo, no importa, o en tu oreja, como arete, o en tu dedo como sortija, o en tu cabeza, como remanente.
Porque cada vez que quiero gritar me llaman indecente. Y cuando guardo silencio me secuestran los ensimismamientos. Y yo no sé salir de aquí, si tú no estás afuera con tu silueta de cordura y compañía.
Homo neardental
Solo quiero asear mi mente, deshecha con fuego de guerra, que empuja mi fuerza sagrada, por si logra hacer que pague esta condena.
Un lavativo para la mente, quizá una buena película, o la solitaria mentira de las amistades envueltas por cofadría tenue.
Entiende tu bestialidad, y tu puesto en el ajedrez.
Al final resulta que nunca te quisiste.
Pero miras alto y te asusta que no haya horizontes.
Nadie preguntó nunca cómo se hacía. O si la demencia estaba cerca.
Los amigos no extrañan a las personas tristes. Por eso el ser humano tiende a inventarse máscaras. Por eso los hospitales están llenos de vegijas y carabinas subversivas.
Solo hay uno solo y es tuyo. Yo solo tengo dedos, y son tuyos.
Tengo amistades, pero no me pertenecen.
Solo quiero morder tu mente y arañar tus palabras. Hacerlas sangrar por si encajan en mi concepción delirante.
Pero solo tengo un cigarro, algo de marihuana que nunca fumaré. Tres monografías por presentar.
Y un delicioso purgante para el cerebro.
Un lavativo para la mente, quizá una buena película, o la solitaria mentira de las amistades envueltas por cofadría tenue.
Entiende tu bestialidad, y tu puesto en el ajedrez.
Al final resulta que nunca te quisiste.
Pero miras alto y te asusta que no haya horizontes.
Nadie preguntó nunca cómo se hacía. O si la demencia estaba cerca.
Los amigos no extrañan a las personas tristes. Por eso el ser humano tiende a inventarse máscaras. Por eso los hospitales están llenos de vegijas y carabinas subversivas.
Solo hay uno solo y es tuyo. Yo solo tengo dedos, y son tuyos.
Tengo amistades, pero no me pertenecen.
Solo quiero morder tu mente y arañar tus palabras. Hacerlas sangrar por si encajan en mi concepción delirante.
Pero solo tengo un cigarro, algo de marihuana que nunca fumaré. Tres monografías por presentar.
Y un delicioso purgante para el cerebro.
sábado, 12 de julio de 2014
Algún día...
A ti, por si me lees, antes que me haga anciano.
Alguna vez voy a querer escribirte una canción de amor que llene todos tus vacíos, y que en un instante de inquietud, te cuestiones si esta vida es gratuita porque sí, o porque esperabas que venga un don nadie como yo, que ni bailar sabe, a pintar tu hermosura con dizque versos, con dizque arte. Y entonces todos pronuncien tu nombre, pero no se acuerden de mi ensimismamiento, ni de mi silencio de rayo, que supo intuir amor en mis satisfacciones, como una charla aprendiz, de tu boca susurrando otros amores, o tu boca recortando miradas. Y yo que telefoneo a Dios, y a esa musa provinciana, que no sabe que cualquier cosa por amor es vida y ocurrencia si viene de una cabeza destrozada por psicotrópicos y antidepresivos, cuya justicia venal, se debate entre el amor y la pereza. Y ahora respiro por las venas, pero me caen las balas de tu indiferencia. Y alguna vez voy a querer escribirte algo que te enamore, pero tú ya estarás bailando en otros escenarios. Y yo seré sólo un postulado inconcluso, una suela que calzó por un instante en tu tiempo de huracán. ¡Quién me manda a ser como soy! ¡En qué cabeza se iba pensar que este corazón de perejil iba a tener su correspondiente viruela! Mi corazón viene callado desde hace tiempo. Y ahora que tiene ganas de gritar, solo sabe de ruidos y de contención, todas jodidas. Ya no es tu mirada que me avoca y me ensimisma, es el miedo que él aparezca y te lleve. Yo fui raptado. Y nadie pagó el rescate. Si te raptan, solo tengo dizque versos y esta sonrisa tonta para reescribir tu libertad, para dibujarme tu compañía.
Alguna vez voy a querer escribirte una canción de amor que llene todos tus vacíos, y que en un instante de inquietud, te cuestiones si esta vida es gratuita porque sí, o porque esperabas que venga un don nadie como yo, que ni bailar sabe, a pintar tu hermosura con dizque versos, con dizque arte. Y entonces todos pronuncien tu nombre, pero no se acuerden de mi ensimismamiento, ni de mi silencio de rayo, que supo intuir amor en mis satisfacciones, como una charla aprendiz, de tu boca susurrando otros amores, o tu boca recortando miradas. Y yo que telefoneo a Dios, y a esa musa provinciana, que no sabe que cualquier cosa por amor es vida y ocurrencia si viene de una cabeza destrozada por psicotrópicos y antidepresivos, cuya justicia venal, se debate entre el amor y la pereza. Y ahora respiro por las venas, pero me caen las balas de tu indiferencia. Y alguna vez voy a querer escribirte algo que te enamore, pero tú ya estarás bailando en otros escenarios. Y yo seré sólo un postulado inconcluso, una suela que calzó por un instante en tu tiempo de huracán. ¡Quién me manda a ser como soy! ¡En qué cabeza se iba pensar que este corazón de perejil iba a tener su correspondiente viruela! Mi corazón viene callado desde hace tiempo. Y ahora que tiene ganas de gritar, solo sabe de ruidos y de contención, todas jodidas. Ya no es tu mirada que me avoca y me ensimisma, es el miedo que él aparezca y te lleve. Yo fui raptado. Y nadie pagó el rescate. Si te raptan, solo tengo dizque versos y esta sonrisa tonta para reescribir tu libertad, para dibujarme tu compañía.
sábado, 5 de julio de 2014
C. E. L. IA
Parece
que me miraras, pero sé que no lo haces. Somos quizá dos buenos amigos
compartiendo vida, mientras nos adentramos en una siniestra soledad. Y
aprovecho la ocasión de ceder mi miedo a perderte. Es que nunca pude
apartarme tu sonrisa del corazón. Y espero, algún día pueda entrar a las
aventuras de tu desconfianza, atreverme a mirarte, ya sin verguenza de
no dejarte brillar.
Solo eso
Me basta tu voz para atravezar la noche.
Me bastan tus ojos atrevidos para intuir crisis y delirios.
Me basta tu cuerpo para orientar mi brújula.
Me basta tu presencia para creer
que aún, bajo esta lluvia, es posible la poesía.
Me bastan tus ojos atrevidos para intuir crisis y delirios.
Me basta tu cuerpo para orientar mi brújula.
Me basta tu presencia para creer
que aún, bajo esta lluvia, es posible la poesía.
Invertebrado
Soy un primitivo que regresa a su estado
natural. Bebo de tu sangre, compro venenos para untar en la noche.
Revuelvo mis pies adormecidos en grasa de animal. Me reincorporo de la
muerte, y otra vez, a saludar al sol, y otra vez a horadar las
mañanas con esta angustia de perro. Compro un litro de artículos para
un funeral. Siembro miedo, siembro angustia. Riego de condena esta
superficie de misión. Y ando por las avenidas, arrastrando esta voz que
alguna vez se hizo carne, pero fracasó horriblemente. Llevo en las uñas
restos de sangre promiscua. Muy pronto tal vez deje de ser niño, para
poder ser hombre al lado de alguien. Ordeno mis ideas y las hago
fragmentos de noche. Acabo con la disgresión y estos delirios de tu
boca; pierdo un poco de etapas. Intento suicidarme con un sutil deseo,
permanezco quieto, rondado el sueño, rondado tu cuerpo vapóreo, las
líneas que ciñen de cadenas una lenta agonía. Recuerdo mi infantil risa,
y este estado pedruzco, de quedarme siempre arrodillado ante el tiempo
que se come mis huesos y se come mi inteligencia.
jueves, 26 de junio de 2014
Pronóstico
Un día por la tarde, cualquier día en
realidad, tocaremos el mismo cielo a la misma hora y pensarás, "dejarnos
no fue mala idea"; en ese preciso instante, cuando te recuperes de la
reflexión, yo andaré todo insólito, caminando por las veredas
de tu sonrisa, rellenando tus vacíos con mis dientes de conejo, a
reparar todo esa escritura en reversa que tu mente suele elucubrar para
confiarle a las puercas sensaciones,la salutación de tus sentidos, todos
corruptos, todos innecesarios, y yo, que soy nada más que tu
complementeo débil, tu cruda fiebre, por la tarde en cualquier
escenario, tu boca que se rompe en sonrisa, y mi nostalgia que te
actualiaza, mis terrores, y ¡dios!, tu ausencia, pérfida imagen, mis
dedos,rotos rotos, la boca partida, la voz quebrada. Pero aquí estoy con
la misma sonrisa de conejo a la espera de tus pies otra vez sobre mi
mesa, camina y camina sobre mi plato de comida, por si puedo recuperar
de una vez mi vida, por si puedo recuperar de una vez tu compañía, y
ponerle fin a esta pena que me destruye y no me deja estudiar
martes, 17 de junio de 2014
El vacío
Olvidaste un poco de tu vida en mi alma, y así uno no puede continuar, porque será siempre una herida que duele y duele. Y sucede que de cuando en cuando, en el momento más desesperado, vuelve todo lo que me quitaste, pero en forma de dolor que se ancla en el vacío. Bebo de tu oscuridad, por si me hago más fuerte, pero solo me lleno de muslos y pestañas. Y hace tanto frío, y es hora de ir a la cárcel, porque la noche es insana, y en un rato llega la muerte para llorar en mi hombro, es que a ella también naufraga. Me envuelvo en oscuridad, y eres solo un vacío en la espesura de mi sangre; eres un peso para mis dolencias mentales, para mi sensibliidad podrida. Me haces tan frágil con el hilo innato de tu voz. Yo aquí, tan desesperado, y a ti, en otro cielo, te falta un silencio, un par de confusiones, de este referente que se siente cada día más pequeño sin tu anestesia para el rencor. Yo me odio por perderte; por ser tan autosuficiente para cubrir mi sencilla tristeza, que no hace nada más que volverme viejo con estas añoranza cubiertas de asma y electricidad. Y por dentro estoy lleno de ruidos, pero no te alarmes: hemos sufriido cosas peores, por ejemplo, la noche que nos quitó de la cabeza la idea de estar juntos para siempre, porque eso fue tan relativo.
martes, 29 de abril de 2014
Ella
I
Perdóname, perdóname, Esther, por no aprender a
vivir sin ti. También yo estuve olvidado en el fondo de tu memoria,
buscando el nombre de tu dolor, pero no lo encontré en ninguna
enciclopedia. No tengo más síntomas de carisma, y tu existencia
se me torna tan peligrosa como tu ausencia. Te haces medianoche
insalvable, media noche color de plañideras y entrañas rocosas. Todo lo
que quise hacer es solo camino por recorrer. Intento no mirar atrás,
porque me doy cuenta que sin ti me encuentro perdido. Estoy adherido al
sabor de tu boca. Y aunque te debo tantos aniversarios, siempre te
encuentro en mi llanto. Esta fama de canalla la tengo bien compartida.
Es el precio de no encontrar tus huellas. Es que no sé exactamente a
dónde vas. Y yo quiero ir tras tus pasos, pero siempre he sido torpe
para recordar fechas importantes. Así que me conformo con parecer un
imbécil, y escribir para ti, las disculpas del caso, haciéndome más
inválido y menos sensible. No atiendo a las circunstancias, porque la
noche no duerme, y no caben palabras en este olvido que se hace violeta.
Yo te espero espero, por si se escapan de tu boca ciertos olvidos, y me
pagas por fin el matrimonio que me debes.
II
Qué
debo, qué debo, Esther, qué debo hacer para otra vez recrear en tu
rostro una pimimigenia sonrisa que alegre, sencillamente de acuerdo, mi
alma fantasía. ¿Cúantas veces más debemos morir para poder hacernos
menos gentiles, y cada vez más robots? Y
yo desde lejitos, con mi cara de cuy, mis ansias todas tuyas, que no
solo te pertenecen, sino que te justifican, y a tu pena también. Yo que
fui el peor de los hombres posibles, y tú me sacaste de la cárcel de mis
tristezas para llevarme a caminar por tu avenida todita llena de flores
y música. Mi sintaxis todavía era lo que tu boca dice, un tapiz para la
buena memoria. Cuando me golpeé la cabeza, me perdí en tu cerrazón. Tus
piernas que son bien blancas blancas, han de extrañar el suave trinar
de nuestra piel, al chocar como dos esperanzas copadas de turquesas. Ya
no beso tu boca. Y un poco como que me cuentan que ya te has muerto. Le
hablo a tu fantasma, entonces, que es el que cada noche viene a
despertarme por si no hay más paradas de autobús en mi sueños. Ya me voy
a la universidad. Pero Calamaro te nombra. Y yo no sé cantar. Solo sé
tener cara de roedor, ser dientón y decirle al mundo que escribo, aunque
en verdad soy pésimo escritor. Quizá lo único que hice bien fue amarte.
Pero ya te fuiste... Entonces ya no sirvo para nada, Esther...
viernes, 18 de abril de 2014
Sí, sí, sí...
Ahora sé por qué no tengo amigos: no soportan ni mi carácter irracional, ni mis palabras ni mis sonrisas, y les altera que esté un paso delante, con ideas que no pretenden ser dogmas, pero al menos tratan de solucionar intuibles desajustes. Quisiera rayar su mediana estatura mental, pero sería al mismo tiempo limitar mis apetitos intelectuales. Nadie me dijo que esta vida sería bonita, lo admito. Y si me encontré con ellos, fue también para encontrarme conmigo y saber por fin, al fin, que no soy tan malo. Porque al menos tengo una sonrisa y estoy en la edad de equivocarme todo lo que pueda, porque tengo toda la voluntad del mundo y un poquito de paciencia. A paso lento, pero seguro. No soy un espejo, tan solo una casa para los pobres. La fama y el talento me fueron siempre esquivos, y cada brazada es un techo fingido. No hay manjares, solo este perro esperando, como quien espera el perdón de los pecados. Si alguna vez quiero morirme, sé que debo esperar a ser viejo. Y quizá para ese entonces ya pueda dejar de ocultarme tras un seudónimo. Y por fin agradecerles a cada uno de ustedes, un nuevo nacimiento.
domingo, 13 de abril de 2014
Aquí
Aquí está el imbécil de todas las noches, siempre huyendo de tu mirada punitiva.
Aquí tus ojos que duraron lo que duran en el viento las fragancias.
Aquí yo, que soy un prefijo de cada una de tus palabras
aquí, que vives sin mí, sin mis artifcios ni mi lenguaje.
Aquí voy seguro y aquí construyo instantes de espejismo;
aquí, donde paso todas las pruebas pero termino siempre muerto.
Aquí donde ando necesitado de ti, para que me saques de este infierno.
Aquí, donde siempre soy un narciso malo,
aquí, donde se esfuma y se eleva tu noche infinita y ancha.
Aquí, tus pestañas, aquí, en mi almohada, dibujo tu ausencia.
Aquí, donde todos me llaman loco, suicida, infame.
Aquí, donde avanzo solo para mostrate que aquí olvido mis miedos,
que aquí, me dibujo presidente, rector, asociado;
aquí, donde empiezan mis nervios y desembocan tus besos;
aquí, en esta blancura hecha a la medida,
aquí, frente a tu recuerdo que me acercan ruidos,
aquí que me quedo titilante como una inválida estrella,
aquí, entre poemas y novelas inconclusas,
entre flores y escaleras que te empujan al infierno,
aquí, aquí estoy, aquí estoy ya sin ella.
aquí, donde te encuentro color de brillo desabrido,
aquí, entre árboles y videojuegos, y las risas ladinas,
aquí, donde construyo mi pena y mi lejanía,
aquí está el oceáno de deudas comparables a tu eléctrico fragor,
aquí está el imbécil que se quiso morir antes de haber nacido
aquí estoy otra vez huraño, otra vez sin ti.
Aquí tus ojos que duraron lo que duran en el viento las fragancias.
Aquí yo, que soy un prefijo de cada una de tus palabras
aquí, que vives sin mí, sin mis artifcios ni mi lenguaje.
Aquí voy seguro y aquí construyo instantes de espejismo;
aquí, donde paso todas las pruebas pero termino siempre muerto.
Aquí donde ando necesitado de ti, para que me saques de este infierno.
Aquí, donde siempre soy un narciso malo,
aquí, donde se esfuma y se eleva tu noche infinita y ancha.
Aquí, tus pestañas, aquí, en mi almohada, dibujo tu ausencia.
Aquí, donde todos me llaman loco, suicida, infame.
Aquí, donde avanzo solo para mostrate que aquí olvido mis miedos,
que aquí, me dibujo presidente, rector, asociado;
aquí, donde empiezan mis nervios y desembocan tus besos;
aquí, en esta blancura hecha a la medida,
aquí, frente a tu recuerdo que me acercan ruidos,
aquí que me quedo titilante como una inválida estrella,
aquí, entre poemas y novelas inconclusas,
entre flores y escaleras que te empujan al infierno,
aquí, aquí estoy, aquí estoy ya sin ella.
aquí, donde te encuentro color de brillo desabrido,
aquí, entre árboles y videojuegos, y las risas ladinas,
aquí, donde construyo mi pena y mi lejanía,
aquí está el oceáno de deudas comparables a tu eléctrico fragor,
aquí está el imbécil que se quiso morir antes de haber nacido
aquí estoy otra vez huraño, otra vez sin ti.
domingo, 23 de marzo de 2014
Promesa fallida.
Una vez te prometí que para enamorarte
intentaría de todo, incluso cortarme las manos para no escribir para
nadie más y cortarme los pies para no irme de tu lado, pero tú tienes tu
vida hecha, me dijiste que te habías casado y eso caló hondo
en mi podredumbre, me hundió y me hunde en una maraña de nostalgias, y
yo buceo con mis mentirosas ansias de persistir para ti, pero tú tienes
hijos, y yo sigo soltero; una cama compartida muchas veces trae
recuerdos y otras los sepultan con el cuerpo mío allí, dentro,
sepultado, insurrecto, frágil y fatal, rodando hacia el final, donde tu
sonrisa no es más ni mucho menos, apenas si soy un granuja que ando
desesperado buscando tu rostro en otros rostros, tu inteligencia en
otras inteligencias; pero aún no hallo mi verdadero yo.
sábado, 22 de marzo de 2014
Insurrecto
Valentina estuvo aquí. Y yo solo alcancé a ver su sombra. Y tampoco hay cielo azul, porque ya todo se hizo menos pintoresco. Y seguí avanzado, y tras los pasos de Valentina, se encendían luces. Y me dio miedo intuir o transformarme en aire o reciclaje de páginas verticales. Así que volví tras las líneas que fui dejando, para ver si encuentro un origen, o me encuentro otra vez dibujando con el dedo tu rostro lúcido en un vidrio que después se hizo puñal y sangre. Y luego, vuelto otra vez oruga sin sabor y sin registro, regreso al vientre de mi madre, al atardecer siquiera, cuando unos ojos viajeros me enseñaron a besar. Y una primavera dedicada, y los dedos cruzados para que otra vez se repita para siempre tu música en mi mente. Porque tus ojos siempre fueron ruidos en mi cabeza. Y me aturdieron tus intensas voces y tus largos pies vestidos de mañana y vuelo. Un día prometimos casarnos, pero tomamos la otra alternativa, de movernos junto al planeta, tú para la derecha, yo para la izquierda. Y aunque no querramos, algún día tendremos que coincidir, con una mirada ácida siquiera, porque el planeta es como una moneda y rueda rueda rueda. Y como un disparo, nos veremos, sin calle y sin futuro. Mientras, yo sigo buscando las sombras de personas que no conozco y tú construyes corazones alérgicos al amor.
jueves, 6 de marzo de 2014
Tú
Como tantas cosas, tampoco me explico la
ineficacia de poder articular palabras, de escribirlas siquiera para
invitarte a salir, no solo al parque o a tomar un café, sino a salir y
explorar tu vida un poco copada de la mía. Así, tan iguales, pero en
distintas excepciones, así me apresuro por dibujarte en mis huesos, para
asirte y decirte que me eres necesaria como las alas que invento para
volar. Me encanta verte, me encanta saber que estás del otro lado,
leyendo lo que escribo, no
necesariamente para un personaje estricto, con sus neurosis bien
enfocadas, me encanta sobre todo saber que compartes el mundo conmigo.
Aunque casi ni me conoces, ni yo conozco tus hábitos ni tus tristezas,
al menos hemos compartido un segundo al día, recordándonos como dos
sujetos desentendidos de cotidianas presiones. Y al menos así, pedirte
que me regales un episodio de tu vida para abrir con mis llaves sendos
parajes para inmortalizar tu nombre, como quise hacerlo desde el final.
No soy no soy un tipo de esos que te pretenden, pero al menos viajar a
tu lado, acomedido de tus sueños, me hace vibrar, como vibro cuando me
miras o finges hacerlo, paranoias después. Y aunque la madrugada nunca
me hace bien, prefiero tu pelo largo y tus ojos pardos, sujetando mi
imagen de soñador despertando. Y yo te creo, desde tus labios
sofisticados hasta tus sueños latentes. Porque no hay final, por lo
menos no en esta historia de mirarte como siempre y sentir que estás en
una lista, y yo por lo menos ni soy turista en tu vientre ni en tu
cabeza. Así que me quedo con los sueños y los origenes, este pensamiento
taciturno que se vincula con esta extraña enfermedad de permanecer a tu
lado, aunque nos irritemos de tanto ya no más soportarnos.
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