lunes, 20 de mayo de 2013

El fruto preciado

Imposible determinar cuánto tiempo ha perecido. Y entonces ella era una señorita, cuyo brotes de ternura, cuyos alardes de locura me encendían. Pero el tiempo no se detiene. Ahora ella, ya grandecita y con un hijo, no recuerda esos días cuando escribía para ella. Yo, como siempre lo he sido, fui sincero desde el principio. La magia de sus ojos me atraparon. Y desde ella, desde que desapareció sin dejar huellas, sin rastros de ternura ni sensibilidad apaciguadora, se sucedieron las nostalgias de su boca, como las nubes en un aguacero. Y los besos que nos dimos, besos investidos de inocencia y candidez, se difuminaron en una eterna pátina de soledad. Sus besos, preciados. Yo suelo verla cuando duermo; y ella suele huir al escuchar mis pasos ingenuos en el pasadizo de sus memorias. Y a veces juntamos las mano. Pero siempre desaparece junto con sus ojos y sus preciados besos. Y es que eres una rosa, y quiero acariciar tu tallo, herirme adrede con tus espinas, cortarme los labios con tu filo.Y eres un fruto rosado, y quisiera comer de tu interior. Acariciar la pulpa virgen, beber tu zumo, saciarme de tu sangre. Mi dedos que servía para tocarte, han sido talados, y de la sangre que manó han florecido madreselvas. Y persistes con la linda manera de hacerte extrañar, con la preciada forma de besar tu aire, respirar de tu aliento. Siempre que sueño, sueño un poco contigo, con tu delicioso rostro, con tus labios cándidos. Imposible determinar cuánto tiempo hemos muerto. Y ahora que tienes esposo e hijo, la figura de rosa, de fruto rosado, no se pierde, porque en ti interior anidan mis besos, los que te obsequié. Nos alejamos como jugando, pero en ese juego hemos perecido. Ya cada uno cuida su forma de sobrevivir lejos del otro, y en cierta medida no hemos reparado en el tiempo que hemos perdido alejándonos como dos tontos desconocidos...

viernes, 17 de mayo de 2013

Recurro a ti

Estoy como desempleado, capturando ufanas sensaciones que se remontan al pasado inmediato. Porque otra vez, como esas veces, me escapo como un terrorista alado, derribando edificios y montañas. Escucho la guitarra horadada, del confín del sueño, por si aprendo a simular siquiera que te deseo, pero en superfluo secreto. Y aunque cerca, no puedo irte a buscar, porque, lo que me ata al cielo, es tristemente el momento remoto. Y este primer amor que me comprime como una hoja. Y este recuerdo fiel que no me abandona de tu sonrisa en mi boca, si quieres para perpetuar el templo marchito que dejé olvidado en el recodo más cruel de tu cabeza. Yo escribo, pero no lo hago bien. Yo lloro, y tal vez lo hago mejor. En todo caso, ya para este presente es el mismo caso, lo que entre tú y yo se creó no fue más que una censura. Y tú ibas por el poder, mientras yo dribleaba la locura adelante. Y estos deseos de nadar sobre tu cuerpo, como en una piscina llena de escalofríos, no se despegan de marchita inconsciencia. La noche se incendia y mi sombra retumba. Me tiendo como perdonado por el tiempo, y me consumo en esta tristeza, con la cajita de las medicinas consumadas. Y este cuento de hadas que termina mal. La noche se hace medio día. Dentro de mi cabeza, entrada la locura, otra vez estoy todo el tiempo triste. Y recaigo en ti, para que me saques de esto, como sabes hacerlo, con medicinas y sonrisas.

martes, 2 de abril de 2013

La muerta bella

Yo aquí, tendido a tu lado, acaricio tu piel suave, suave como seda, como cáscara de melocotón, con esas texturas puras, y ese color caliente. Y recuerdo misteriosamente esa prehistoria, cuando tu cuerpo acoplado del mío, respirábamos expeditos, y en este aliento, sofocados, intuíamos con destreza los siguientes pasos. Y esos eran acariciarnos todo, desde el cabello hasta la raíz del alma. Y así, buscar nuestros orígenes en una hoja de papel, para recrear ficciones que pudieron ser fantasmas. Y huella a huella, llenándote de mí, me iba copando de ti, acariciando tu piel clara, tus dedos largos, besando tu cuello. Y tú respirabas y tú arañabas, y yo hurgaba tus interiores, y de esa forma respiraba someramente el candor de tu encogida alma, para que luego al unísono exhalemos ese grito sordo y tenue que explicaba por qué existíamos. Hartos de gritos y de llantos y de insultos, al final siempre nos rendíamos a un abrazo, a un juego de tu piel bajo mi piel... Y de esta forma, yacíamos como exhaustos bajo el temple del amor...
Pero ahora, yo aquí tendido a tu lado, lloro. Y acaricio tu piel suave, tu nombre lo he escuchado y me dicen que te encontraron tendida en el suelo, luego de ingerir docenas de pastillas. No pudieron hacer nada para salvarte. Y yo acaricio tu piel, pero ya no puedo continuar nuestra historia. Te amo

domingo, 3 de marzo de 2013

Asco de tiempo y una historia de locura fingida

A las personas que son mis amigos,
porque tengo la fortuna de tenerlos

A Martín, lo siento, pero de alguna
manera tienes que entender

I

El origen de tristeza que cargo siempre, no solo se remonta a hechos frustrantes escenas amorosas a las que me voy acostumbrando. Tras el meollo, como una nube, está el conflicto de mi mente con la de mi época. En el trabajo por ejemplo, debido a mis acciones peculiares, a mis palabras extrañas y a mis ideas sueltas, me llaman extraño, loco, raro o tonto. Vanessa, en su inmensa inocencia, se percato de lo que la ciencia sospechaba, pero no se animaba a decir. Ella, aunque un poco afiliada a pensamientos pre científicos, afirmó que yo soy reencarnación, porque este no es mi tiempo, que por mi forma de pensar y mis gustos y mis palabras yo nací mucho antes, en la flor del conocimiento. Y eso aunque no tenga valía científica me parece que, a la vez que tierno, expele una sonrisa irónica. Tal vez sí, este no sea mi tiempo. Vivo rodeado de gente que no puede entenderme, que me deja hablar y se guarda la sonrisa, para no decirme que hablo idioteces. No es que hable idioteces, es que Lacan es así de complicado, es que Zizek tiene esos pensamientos, es que Foucault me interesa, es que Freud plantea eso, es que me apasiona la literatura y ustedes no pueden comprender mi postura. 

Solo hay dos lugares en que esta angustia se disipa y me puedo sentir calmado y comprendido: es en la universidad, en las clases de Literatura que en San Marcos se imparte, y en el consultorio de la doctora Villa. En esos dos lugares mi personalidad se siente comprendida, y mi conflicto con el mundo pide tregua. No he encontrado fuera de estos lugares a personas que se interesen por la cultura. Tal vez sea mi misma condición social: soy un clase media y tengo que trabajar para estudiar. Lo poco que gano lo invierto es libros y estudios. No he conocido a otra persona como yo, que viva triste porque se equivocó de época. Me hubieran gustado los años veinte, la belle epoque, o los sesenta. Y tal como le dije a Romina, formar parte de un grupo guerrillero, de esos que estaban de moda, y hacerme matar en el monte, en vez de querer morir en la ciudad. Muchas veces pienso en qué sería de mí si sigo aquí. Probablemente un día me levante con más tristeza, flemático y no tenga piedad conmigo. Y así pondré fin a esta vida...

Yo no pertenezco a esta época. Y con los problemas mentales, peor. Me discriminan muchas veces por ser como soy: un rebelde, apasionado, ilustrado de intoversiones tristes. Me siento incomprendido por las personas que me rodean. Es que soy espécimen que nadie puede entender. Por eso escojo bien a mis amigos. Ellos, mi amigos, son gente que habla de lo mismo que yo y nos entendemos. Pero no siempre están allí. Yo quisiera alguien que me entienda, qué sepa mi idioma y no me tome por loco. Yo quiero que me borre esta pena, y que me lleve en su mente siempre. Quisiera curarme de todo

Pero como nada es perfecto... Creo que estoy condenado a vivir en esta época, incomprendido por la gente que me rodea. Tal vez un día abra los ojos y despierte en los sesenta, y tan solo había sido sedado para curarme una herida de bala, y todo esto que vivo es un sueño: extrañare a esas personas lindas Esther, Pancha, Tania, Patty, Carlos, Pittman, Romina, Vanessa Azul que intentaron comprenderme, pero tal vez mi díscola efervescencia, mis bochornosa forma de ser o mis evitaciones las alejaron e hicieron que desistieran de su vano proyecto.

II

Martín es un personaje en esta serie. El supone una locura, pero lo hace mal, pues hasta un demente como yo se ha dado cuenta. Y esta palabras son para él: Cuando veas que tu mamá se vuelve vieja de tanto llorar por hacerte el loco sin serlo, cuando te canses de fingir y te des cuenta que la vida normal que tienes no está del todo mal, allí entenderás que el hacerte el loco, el paranoico, el enfermo, no es para ti, tú eres más sociable que yo, y hasta tienes amigos mejores que yo y más, no debieras aparentar ser quien no eres, pues no es nada lindo estar loco. 

Él es de esos jóvenes que pierden la brújula y creen quieren ser diferentes. Unos escogen ser emos, otros metaleros, él escogió estar loco. Sí es cierto que eso te hace diferente a los demás, lo cual es un crimen. Pero, también es cierto que finge mal su papel. No soy el úncio que se ha dado cuenta, por lo que no hablo desde mi subjetividad. Sus comportamiento es el de un ser normal, un TOC no hace lo que él hace, sus rituales son complicados, en él todo es simple: los TOC son inteligentes, él tiene apego por lo no científico o es que su inteligencia se orienta para un rumbo no práctico. Dice que tiene accesos de paranoia, pero se le ve tan fingido, actuado y ridículo. Un paranoico no se porta como él, lo sé porque he visto muchos y lo sé porque muchos me han visto. De esto puede dar fe en bueno de Carlos. Si fuera borderline, rechazaría lo TOC, pues son enfermedades no concomitantes. Se interesa por las drogas, no que las consuma, pero dice que ha probado drogas auditivas: le pedí cuál, no recuerda, cómo lo consiguió, se paga. ¿Pudo pagarlo? ¿Así de sencillo? Estar loco es para expertos y sentimentales y genios. Disfruta tu normalidad, las personas normales también destacan, solo que no fingiendo estar loco. Vas al psiquiatra está bien, pero deja de presumir tu enfermedad, como diría Belem.

Disculpa, te estimo, pero tenía que decírtelo para saber que te dejarás de tonterías y harás las cosas bien. Otra cosa, los TOC y los paranoicos tienen mucha energía, si en verdad eres algo de eso, úsala para el trabajo, no para hacerte el loco. Lo que puede ser es que seas histriónico o narcisita, un poco de humildad no te vendría nada mal. Piensa en los demás, deja de ver fantasmitas, cosas de locos, porque no lo eres, recalco, y preocúpate por la sociedad. Hazte una carrera y destaca. A veces quisiera ser tan normal como tú, pero es esta inopia que no me deja. 

Un abrazo


martes, 19 de febrero de 2013

Deseos

Yo simplemente deseo uno de esos cabellos, esos que relucen al tacto; y que luego, en el cansancio, del hogar al pasquín del tren, una lluvia me entumezca serenamente el prístino arte de amar.Y que susurrante entre tus pensamientos mis deseos florezcan. Yo no quiero más de esta angustia, mi quiero más de esta servidumbre. Quiero volver a cruzar el río sin amenazas de ahogarme, quiero sonreír. Pero bajo la mirada lacaya de la Gran Legión, no puedo existir sin esas pesadas cadenas que me conminan a saltar desde el primer piso. Y yo quiero abrazarte por última vez, quiero arrancarte la piel para hacerme un abrigo, comerte el corazón, entrar en tu útero para formar parte de ti. Quiero que no te vayas cuando llegue la noche, quiero que permanezcas con tu ternura espacial y que sepas que, a pesar de ser un niño malo, yo quiero, de verdad, permanecer aunque sea en tus pensamientos más ocultos.

miércoles, 13 de febrero de 2013

ya lo ves, cariño, estamos moviendo el tiempo... al compás de david garrett, te escribo esta líneas de insurrección, rogándole a mi alma que se matenga unida, que no se disipe como vapor.

muchas veces pienso en ti. en tus palabras, las que quedaron flotando en mi espacio interior. otras veces recuerdo tus errores, y como aprendí de ellos. otras veces escribo, escribo para sublimarte, para olvidarte. y otras veces lloro, lloro para poder arrancarte de mi vida. te vas. te vas. te vas y yo me quedo con todo lo que me obsequiaste. Y lo que me obsequiaste lo atesoro en el alma, tenlo por seguro

lunes, 4 de febrero de 2013

Usted

Usted que sabe de este desvarío.
Y que golpea este pecho. 
Usted que atiende mis llamadas, solícita, 
implícita en mis versos.
Usted no sabe de este terror,
no sabe de esta angustia que crece,
ni de este disoluto cielo que se estremece
si usted da por resuelto que no,
que no ha de crecer flores esta primavera.

Usted que me escribe desde la prehistoria,
y yo que la leo desde la actualidad,
usted que representa mi pasión ronca
y yo para usted no soy poco más que alguien.
Y si estremeces mi pecho con tu boca,
con tus lejanas pestañas negras,
y que si supieras acercarte a mí
yo te acogería en mis brazos
y jamás te soltaría
porque te ceñiría a mi vida por siempre.

Usted que no es más que una muchacha,
y yo que no soy más que un frustrado cantor.
Yo no tengo que probar nada,
ya lo probará la historia
y es que no estuve equivocado al señalarla,
como el eje principal de mi vida,
como la niña que me inyecta de emoción
cuando me acerco a respirar el mismo aire que tú.

Usted y yo, tomados como dos sujetos,
independientes de la historia,
si nos tomásemos de la mano
crearíamos una ficción.
Porque yo la reconozco a usted
como un sujeto independiente de mis pretensiones,
fuera de mi realidad, con sus emociones propias,
creadora de mis sueños,
y que es capaz de, tan solo con su mirada,
hacerme delirar como un ave en llamas,
que se incinera desde dentro por verla,
sonriente, altiva, lejana, austera y bella.

Usted que deja crecer su sonrisa
y yo que he perdido el sentido de vivir,
podríamos hacer tantas cosas
él uno por el otro si decidiéramos sonreír

domingo, 27 de enero de 2013

Ataque de nostalgia (la he perdido)

Con una nostalgia que me desarma, avanzo por la noche,
evitando recordar sus ojos pardos, su cabello claro,
y buscando esa paz que mi corazón reclama...
que mi corazón, y con derecho, reclama...

Y llenándome de amargura, y de esa anciana pena,
que a mi conciencia constantemente magulla,
trato de no pensar nunca, nunca más en ella....
de no pensar nunca, nunca más en ella....

Porque su recuerdo a mi conciencia magullaba,
y por no repetir su nombre, echo rienda sueltas mis pulsiones,
aprieto los dientes, y doblemente, amago la tristeza...
rechina mis dientes, y doblemente amago la tristeza...

Como una curva que se envejece en esta Luna disipada,
disperso mis pasos, risueños, y en la arena tallan,
y que acaso me lleven al pie del altar que es su cama...
y que acaso me lleven al pie del altar que es su cama...

Llueve. Llueve en mi alma, y ella tan indiferente,
mientras me asalta un ataque de nostalgia
que me trae su rostro al presente...
que me trae su lívido rostro al presente...

Y me canso de llorarla, de suplicarle a su recuerdo,
de repetirle que la quiero, que quiero que se quede,
que mi alma siente un frío solitario que me mata...
un frío solitario que me está matando...

Si mis palabras pudieran atraparla,
si pudiera traerla a este instante que la pienso,
quizá ella entienda qué es la tristeza que me asalta...
la tristeza que me asalta...

Te envío estas líneas que se matizan de verde,
y aún pienso en ti cuando me aborda la nostalgia,
porque tu compañía sabía desarrugar mis penas...
porque tu compañía sabía desarrugar mi llanto...





martes, 22 de enero de 2013

Que seas feliz

Qué queda, entonces, después de todo. Qué queda de mí: solo ruinas, escombros. Todo te lo di. Qué queda para el que espera su turno, al final, por si tus ojos se posan en los suyos. Qué queda para mí: despojos, asombros, miseria, decepción. Qué me quedan, sino recuerdos, tiempo contigo, añoranza de tus besos, los ecos investidos, tus caricias, tu voz, todas, reservadas para la nostalgia. Qué queda, pues, si yo siempre fui el peor de los dos, con mi roña y mi personalidad complicada, si yo fui el que pintó esos ratos de amargura y de intensa lágrima que ahora propugnas... Si por mí, quién lo diría, derramaste las más sonadas lágrimas, para saciar mi sed... Soy esa carga que deshechas, soy ese recuerdo que se aferra a ti. Para qué. Qué quedará, después, tu silencio, y dirás algún día, cuál era su nombre, ¿por qué? si todo lo perdí el instante antes de que te marchases, sin una sola estúpida palabra para saberte retener.Si soy fracaso, y haces bien en marcharte, la desdicha me persigue, en cambio tu sonrisa es superior. Si yo soy extraño y tú eres feliz, mientras estés tan lejos de mí, porque mis latidos ya no te nombran. Que seas feliz.

sábado, 19 de enero de 2013

De ahí soy yo (a propósito del aniversario de Lima)

Cuando me preguntan, de qué ciudad eres,
revienta las pústulas y las sensaciones burdas,
pues vivo en esta ciudad de cárceles grises,
Lima es su nombre, y este es su cumpleaños,
y crece el orgullo pues esta mierda querida
es mía, mi ciudad enferma, es Lima.

Lima es como una isla, separada del Perú,
por factores políticos, aunque se diga la contrario,
aquí, en mi ciudad, aún no llega la descentralización;
totalmente, estamos rodeados de un océano de pobreza,
de gente fea y triste y tierras tierras estériles y deshabitadas.
Lima es mi isla. Aquí yo crezco, aquí muero.

Mi país cultiva sus miserias, y esta ciudad inapetente
es el reflejo de toda esa basura épica.
Pero amo mi ciudad, con sus parques dolorosos,
sus fumaderos ambulantes, su gris permanente,
las avenidas constipadas, la mierda yendo en ruedas,
los cinturones de fuego, y sus políticos, claro,
esa es mi Lima, y este es su cumpleaños.

Carecemos de sentido los limeños,
pero no de memoria, hoy mamá cumple años;
jamás olvidarán los mayores lo de Tarata,
ni lo de los penales, ni al tal gringacho,
ni indulto ni revocatoria, tampoco zona rosa,
sí a la paternidad responsable, pero obviemos, eso sí,
el derecho al aborto y a la vida tranquila.

Y construiré una burbuja para saciar mis ansias
de libertad, en ese universo gris limeño.
Las diarreas viajan por el río Rímac,
y desde sus achorados cerros, nuestros embajadores del mal
sacan sus cicatrices para aumentar su peculio,
es que ya mamá está de cumpleaños

Lima está enferma. Fuma por todas las avenidas,
y tiene el cáncer avanzada, allá mismo, el Palacio,
el Poder Judicial, la Policía... ¿Y las Fuerzas Armadas?
Mientras la revolución maoísta no llegue a mi casa,
hacen un buen trabajo... Ancón, Piedras Gordas...
¿Una postal? Puedes llevarte lo de La Parada,
o los mendigos, los emos, los risibles otakus,
con sus cojudeces, las lesbianas y los gays,
los suicidas que se albergan en el Larco Herrero
o los muchachos palurdos que se creen tienen TOC.

¿Lima con homofobia? Lima es el culo del planeta.
Nosotros, los limeños somos toda la mierda
que ese esfínter gris descarga... Palacio es el trono.

Este es el precio que pagamos por vivir en esta ciudad,
ciudad podrida, corrupta, grande, de bellos parques,
de amplias remuneraciones y de prostitutas vírgenes.
De ahí soy yo, señores, de esa intrépida selva
que huele a orines de choro, a ceviche, y a mazamorra.
¿Dónde está mi tapada?
Es un culo nuestro destino. Así es Lima, la horrible.
Y Arguedas lo supo mucho antes que nosotros,
por eso decidió irse, cuando se enteró que nació
el día del cumpleaños de Lima, nuestra ciudad que crece.

Hay mierda para todos, para mí, para ti, para un psicópata,
para el ayer, la mujer que me dejó y se volvió lesbiana,
las otakus, las fofas, el tren roto, para Ollanta
para Nadine, para Villará, y al fin, la ciudada es tan gris,
que todos avanzamos ciegos pisando nuestras ilusiones...

sábado, 5 de enero de 2013

Un día cualquiero (fragmento de Novela dos)

Amanece. Calmado, sin miedo, recordándote, amor, le hago masajes a tu recuerdo y lo insto a quedarse, Aquí en mi soledad, podría ser buen acicate. Deliro, lloro, cambio de color como de humor; me fumo un cigarro de contrabando, doy señales de vida, pero me persigue la muerte. Le dibujo bigotes a tu retrato, suspiro, me arrepiento, encanto, dudo, consumo, trastoco, velo, rezo, te acaricio. No resulta fácil estar sin ti. Desfallezco, me muero, procedo, resbalo, finalmente lloro. Mis hijos me han abandonado. Se quedaron todos en tu vientre. Y no van a nacer. Toco, canto, compongo, leo, escribo, creo, desconfío, corrijo, te pienso. Y tú te distancias, cabizbaja y ausente. Me desespero, grito grito y más grito, lloro, me sostengo, le reprocho su pasado al ex que se queja, le cuento los bucles al ángel que me cuida, te siento. Desayuno, enfermo, paseo, meo, me arrodillo, miro, lloro, obedezco,  estudio, pienso, me ausento, te extraño. Te veo en las paredes. Acelero, almuerzo, te recuerdo, navego, me apeno, defeco. Estiro mis dedos, te desnudo, me enriedo, vuelo, lloro lloro, me caigo, suspiro, canto, veo tele, leo, escribo, duermo, sueño, lloro, te extraño. Las curvas de la pared se vuelven rectas sendas de recuerdos, en tus ojos escarlata, de ron y asma, con la sensibilidad de mi infierno delator. Retoco la realidad, sueño, cierro los ojos, abro el corazón, me corto un poco las venas, escribo, sueño, me acomplejo, me hago pequeño pequeño, suspiro, olvido, me baño, me seco, me visto, dormito a solas. Aún, después de tu cuerpo en mi ropa, tu aroma invade mi infantil falencia. Lloro, te recuerdo, escribo, me malhumoro, destruyo el mundo, me golpean, acelero, me enfado, resbalo, me acuestan, me medican, canto, vivo, lloro, muero. Me medico, acelero, me enfado, doy un paseo por tus cabellos claros, me equivoco, sufro, lloro, me apeno. Leo, cuento, navego, espero... Te extraño y te deseo. La noche alta invade esta insana represalia de lo cotidiano con mi pasión por ti.

martes, 18 de diciembre de 2012

Desintoxicación

¿Qué ha hecho la sociedad por mí?, le interrogo al reflejo.

Es que ya estoy harto de fingir ser cortés, cuando lo único que siento es una rabia que aumenta cada día. Y una tristeza que será el único peculio de mis hijos. Y esta sensación de no saber qué escribo.

Si por mi perecer fuera, que el tiempo se detenga en una inmensa acuarela, desde donde las provincias del tiempo puedan acoplar a este sollozante presente, toda su impaciencia, toda la rabia que en mi interior contengo. Y por más si pudiera, con estas ansias y estas fuerzas, este peligroso destruir, quisiera colmar de sangre la tierra, y que florezcan desde el carmesí insensato las prodigiosas flores venenosas que a la muerte me han de presentar. Porque, ¿qué ha hecho esta sociedad por mí? , si tan solo me excluye, me ensimisma y me arrebata con su fealdad todo lo que por impaciencia merezco. Y yo, derruido como los faroles de tus ojos, abastecido y enfermo, algo tocado de nervios, persiguiendo una neurosis que se me escapa, siento llanamente una pierna dormida. Y el arma que me espera en la habitación del rábido asceta.

He perdido mi cuerpo. Los blasones informes de tus senos miel se deshojan. Y el día, a quién le importa este escrito, si lo único que exaspera es este Yo sublimando su represión, sus oscuros deseos de morir muerto de celos envuelto en tu piel crema.

Deshojaré la sociedad. Cogeré mi rifle e iré de escuela en escuela a disparar a lo primero que respire. Y mataré niños y niñas, y desayunaré sus órganos en el desayuno, y para el almuerzo su piel.

Pero no. Yo no soy un desalmado asesino. Mi alma, esperpento de agujeros polios, no puede acabar con la inocencia. Entonces decido descargar mi frustración con alguien inferior, que no sea tan puro como mi alma pura, que no hay sufrido el traumático descenso. Y elijo primero a los emos, pero estos condenados, conozco a una que se autoproclama tal, y ella mal que bien, me agrada, sobre todo por a veces, cuando aparece desnuda en mis pensamientos a hacerme el amor con sus duras balas de salva que golpeaban mi cerebro con la fiereza de una psicosis. Y por eso, decido matar a todas esas lacras que abundan, esos parásitos. ¿Y la sociedad? Acaso me agradecerá hacer una purga en su piel íntima, de cotejar sus tatuajes de extipar sus lunares. No, para mí tiene reservado un lugar ideal: el reclusorio.

Pero, no gracias. Prefiero la muerte. Mi muerte y la de todas esas lacras.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Querida...

Querida, estabas tan lejos y mi abrazo no pudo ceñirte. No pude ceñirte a mis pensamientos. Ni tu halo de tristeza jamás refrescó mis sensaciones de perfección. Mi narcisismo y mi depresión, nadie pudo entenderme  como tus besos me entendían. Querida, nadie pudo escribir con estrellas mi nombre en este cielo regaliz. Y si yo no puedo creer ni tener fe, al menos estás tú para mantenerme vivo con tu lejana sonrisa y tu simple canción. Querida, yo no puedo sobrevivir sin ti, pero a tu lado siento desfallecer mis fuerzas. Me prodigas y me llenas de ideas suicidas. Que yo sepa, tú estás bien sin mí. Y yo nunca te tuve, pero siempre te deseé, porque entre tantas mujeres, eras como sobresaliente, eras mi pendiente con la realidad, fantasía recostada o de pie. Querida, yo sufro imaginándote en brazos de otro, querida. Y si tienes compasión, permite que mi cuerpo descanse en tu frágil pecho, susurrándole a tu corazón mis verdades. Piensas solamente en ti, porque mi vanidad es claramente ajena a las ansias que tienes por lastimarme. Yo quisiera recorrer tu cuerpo con mi dedo. Y que mis besos sean las huellas de mi paso por tu cuerpo claro. Y que tus alaridos vírgenes suman en un vértigo interminable la sinrazón de tu piel entre mis dientes. Querida, yo no soy nadie. Él lo es todo. Él te tiene y tiene tu mente. Y tus besos y tus caricias y tus palabras y tus recuerdos. Tú tan solo vives en mis nostalgias acomodada entre el barro de mi depresión y el hosco presente que me perturba. Eres tú, lo siento, lo dice mi ego, lo repite mi corazón, lo pregona mi yo. Le llamo según tu voz me invoque, para ti siempre estoy, querida. Para ti siempre tengo esta sonrisa inoportuna, esta cara de idiota, estas venas palpitantes. Para ti, querida, siempre tengo este deseo de vivir debajo de tu piel de bañarme con tu sudor. Pero ciertamente sueño, con esos tus ojos tiernos, porque iluso que soy, yo jamás podré volver a verte, ni acomodarte en mi presente. Querida, no hay nada más lastimoso que saber que tus labios a otro le pertenecen. Y yo sin saber si morir de envidia y suicidarme, huir de esta tragedia de que tal vez leas esto y tu indiferencia sea tan enorme que nos embargue de rencor a los dos. 

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Te extraño


Tú estabas mirando al infinito. A tu lado estaba contemplando el futuro, esa abstracción que solemos construir luego de intimar nuestros más profundos deseos. Miras la cámara, susurras que junte mi mejilla a la tuya y finja esa sonrisa categórica de imbécil sepulcral. Cuando suena el obturador, perpetuamos más que una simple fotografía, se han perpetuado las emociones y los sentimientos que me acompañarán en esta nueva soledad, lejos de ti. Comiendo de mis nostalgias, tratando de rescatar del fondo del  mar  los besos que me diste. Y las épicas salidas que nuestros cuerpos soportaban, tan solo para irnos lejos lejos lejos, hasta el infinito, y en susurro nos digamos: te amo. Y el tiempo, ese tiempo, tan imprescindible como ahora, cuando me abordan las más terribles penas, recordando el calor de tu piel, la textura de tu dermis sumergida en mis abrazos. El placer que me diste envuelta en un viento fatuo. Porque eso somos, Esther, una reminiscencia del pasado, ahora que nos ahoga el dolor. Y nos hemos separado, para bien nuestro. No dejo llorar, cuando evoco la fruición de tus labios cortando la castidad de los míos. Y lloro, me sumerjo en una impaciencia que me descuadra todo el panorama. Pero ya es tarde para resucitar. Estamos separados. Y tu recuerdo me acompaña,. como me acompañan las mañanas mirando tu fotografía. Ya no sé ni dónde estoy parado, me temo, me temo, mi señora, que muy pronto empezaré a morir. La soledad, ay, Dios, mírame, Esther, hecho recortes de periódico, muerto en vida, como una estampa que nadie quiere. NO es algo por lo que los expertos deban interesarse, pero me es grato recordar esa linda última conversación:
-Prométeme que vas a estudiar, Esther
-Te lo prometo. Estudiaré Psicología
-¿Y por qué?
-Para curarte, mi amor
Mi vida gira por tus recuerdos, duerme en tus piernas y renace en tus palabras... Te extraño

sábado, 3 de noviembre de 2012

Madre, la vida empezó cuando me desprendí de tus brazos
y miré hacia delante sin cortar enteramente las venas que me unían a ti.
Y desde entonces he llorado apartarme de tu vientre,
haber sido arrojado a este llano donde la única lluvia que existe
es la que cae desde mis ojos al páramo extendido de mi alma.
Me siento vacío, madre, me siento tan solo, como al principio.

Madre, no quiero morir, pero a veces deseo no haber nacido.

Madre, no puedo construir un hogar con estos dedos débiles.
No puedo existir con esta alma oscura, con esta fe quebrada.
Sé que hice las cosas mal estos años,
y estoy pagando tales errores, los pagaré hoy
los seguiré pagando mañana, con el sol en lo alto.
Sufro.
Y ya nadie se percata de esta pena agazapada,
mis ecos despliegan abanicos indolentes de pereza eterna,
me sumo en el olvido, en el rutilante trajín
de morir un poco cada segundo recostado en una cama.
Lloro.
Y mi efusivo llanto opaca el ruido de la modernidad.
El mundo no se detiene, no me dejan respirar. Debo correr.

Madre. Lo confieso.He asesinado a un hombre.
Yo lo sostuve con estas manos débiles del cuello
hasta cortarle la respiración. Y luego le corté a la altura
de las muñecas para que parezca suicidio.
Nadie se animó a investigar mi propia muerte.
Si estoy muerto, si soy un fantasma en nada cambia
mi puesto en el universo... no soy parte del equilibrio total.
No solo eso, también me disparé en la sien,
es mío el cerebro que decora los espejos de la muerte.
Madre, te confieso que me colgué del dintel,
no quería inhalar más de este aire que oxida mis pulmones.
Madre, estoy llorando esta cruel sedición...
Y tú lloras sobre mi cadáver que ha regresado a tu vientre.

Oh, madre, que no broten más tus lágrimas...
para mañana ya tendrás los ojos hinchados y secos...
Yo he puesto un lugar en el cielo para que vivas...
Me duele el cuerpo otra vez, lo siento madre, te debes ir,
no vaya ser que este dolor te contagie el alma....
Debes tomar el primer avión e irte,
madre, debes continuar. Yo tal vez resucite.
Pero si mañana a esta hora no estoy de vuelta en casa
continúa, continúa sin mí, madre,
la verdad no importo tanto como el amor te hace creer,
debes enterrarme en una tumba compartida,
en donde mi cuerpo sea efluvios de tristeza siempre.

Madre, no quiero morir, pero a veces deseo no haber nacido.

Madre, no pude ser un buen poeta,
no pude crear poesía hacer regresar el tiempo,
he fracasado como hijo y ser humano...
Con esta tristeza en los dedos no puedo seguir,
ni con esta corrupta sensación de sentirme vivo
estando plenamente muerto.
Debo morir.
No pedí nacer.Fui arrojado al mundo sin mi permiso.
Y de esa misma forma, sin pedir permiso a nadie, me voy.
No llores, madre, perdón por hacerte llorar,
tus lágrimas valen más de lo que yo valgo. Soy miserable.
La verdad. No cambia en mi nada mi ausencia.
Las vidas continúan, el tiempo avanza
y sin mucha importancia. Porque no importo de todo.
Tan solo soy una caña pensante. Un abanico de tristeza.
Un recodo de tanta miserable pena.
No soy del todo el tiempo absoluto que dices.
Y sí. He muerto desde antes de desprenderme.
Late mi corazón como una pulso infinito.
La muerte es tan oscura,
y tu lugar en el cielo, el que pude erigir para ti,
es tan cálido. Pero no podré acompañarte, ni a mi padre,
que mucho antes que yo construyó el suyo.

Oh, madre, no quiero morir, pero a veces no quiero haber nacido.

Madre, sin ninguna lástima, me atraviesan pensamientos
que ejercitan mis nostalgias. Un sábado triste.
Mi pecho se contrae, los calambres empiezan...
No quiero cuidarme, no quiero irme sin darte un abrazo mamá,
necesito tus bendiciones para saber que el infierno
que me espera no será tan doloroso, necesito su bendición,
necesito su perdón, su abrazo, para entender perfectamente
la verdadera dimensión de mi suicido.

De todas maneras no soy importante, madre...
Y te escribo porque eres una de las pocas
personas que no me dejan cuando tomo esta decisión
y porque tu amor abrió en mi pecho el gusto por vivir
durante tantos años, fingiendo ser perseverante (u obsesivo)
y aferrándome  a una vida que, la verdad, no deseo.
La verdad. Me muero y nada va cambiar.
Así de insignificante soy.